Reggio Emilia gana espacio en Chile: el enfoque educativo que busca instalarse junto a Montessori
Mientras Montessori lleva décadas instalada como uno de los principales referentes de la educación infantil alternativa, Reggio Emilia comienza a ganar visibilidad y proyectos de educación inicial ya exploran cómo incorporar sus principios al contexto chileno.
Hablar de educación infantil alternativa en Chile ha estado durante años estrechamente asociado a Montessori. Sin embargo, otro nombre comienza a aparecer con mayor frecuencia en jardines y proyectos educativos: Reggio Emilia, una filosofía nacida en Italia después de la Segunda Guerra Mundial que comparte el protagonismo del niño y el respeto por sus ritmos, pero propone una manera distinta de abordar el aprendizaje.
Mientras Montessori pone especial énfasis en un ambiente preparado y materiales diseñados para favorecer progresivamente la autonomía, Reggio Emilia centra parte importante de su propuesta en las relaciones, el diálogo y la construcción colectiva del conocimiento. Las preguntas, intereses e hipótesis de los propios niños pueden transformarse así en el punto de partida de una investigación.
Para Fabiola Acuña, directora educativa de Casa Colmena Preschool, proyecto de educación inicial ubicado en Las Condes e inspirado en esta filosofía, una de las diferencias se observa precisamente en la manera en que los adultos responden a las ideas de los niños.
“Un niño de cuatro años dice que la sombra se guarda en la noche. Uno podría corregirlo y seguir. Acá esa hipótesis se toma en serio: aparecen linternas, se sale al patio a distintas horas y se registra lo que ocurre. Termina entendiendo cómo se produce la sombra, pero también aprende que sus ideas importan lo suficiente como para ser investigadas por los adultos y por el grupo”, explica Acuña.
En Reggio Emilia, una pregunta no necesariamente debe ser respondida de inmediato por el adulto. Puede convertirse en el inicio de un proceso de exploración. El educador observa, escucha y genera oportunidades para que los niños prueben sus ideas, mientras la documentación pedagógica permite hacer visible ese recorrido: qué preguntaron, qué imaginaron, qué probaron y cómo fueron transformando sus interpretaciones.
Acuña, quien se formó en Reggio Emilia en 2023 y visitó escuelas vinculadas a esta experiencia educativa en Italia, advierte que su presencia en Chile todavía es minoritaria y se concentra principalmente en proyectos privados. Su implementación, además, requiere condiciones que van mucho más allá de transformar los espacios físicos: tiempo para observar y documentar, formación permanente y estabilidad de los equipos educativos.
“Sin eso sobrevive la forma y no el fondo. El riesgo es que ‘Reggio’ se vuelva una etiqueta de marketing asociada a madera clara y buenas fotos. Eso es decoración, no inspiración reggiana”, sostiene.
Para las familias interesadas en esta filosofía, Acuña recomienda mirar más allá de la estética de los espacios y hacer tres preguntas al visitar un proyecto educativo: cómo documentan el proceso de los niños, cuándo se reúne el equipo para interpretar esa documentación y cómo la comparten con las familias.
Adaptar el enfoque a Chile implica también considerar el territorio, la cultura y las necesidades de cada comunidad, sin intentar reproducir de manera idéntica la experiencia italiana.
“El desafío en Chile no es copiar lo que ocurre en Italia, sino comprender qué principios son esenciales y cómo se traducen a nuestra propia realidad. La imagen del niño competente, la escucha, la documentación y la participación de las familias no deberían perderse. Reggio Emilia no entrega una receta y quizás ahí está una de sus mayores fortalezas: obliga a cada comunidad educativa a preguntarse qué infancia quiere construir”, concluye Acuña.
