Recomendación de libro “Jesucristo en el Pluralismo Religioso ¿Un único Salvador Universal?”

Recomendación de libro “Jesucristo en el Pluralismo Religioso ¿Un único Salvador Universal?”, de Antonio Bentué, Editorial Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile, 2012.

Por Andrés Finschi Peñaloza.

Hablar de religión, en el actual contexto cultural, produce variadas reacciones: para algunos es un símbolo residual de un pasado a superar; para otros es un elemento más o menos folclórico de los pueblos; y para unos constituye un valor importante, entendiéndola como la experiencia individual de encuentro con el Misterio. La religiosidad es un elemento inherente, inalienable, propio del ser humano, por ello es imposible considerar una sociedad humana (en cualquier tiempo, espacio o época) sin esta dimensión religiosa. Esto hace que la temática que aborda el autor en este libro, sea siempre actual, acogiendo la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium que re-invita al “diálogo interreligioso”, la cual es condición necesaria para alcanzar la paz.

Antonio Bentué, teólogo, doctor en teología mención protestante de la Universidad de Strasbourg, Francia, y Profesor Titular de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile. Entre sus obras encontramos “La opción creyente”, “En qué creen los que creen”, “Dios y dioses, historia religiosa del hombre”, entre otras publicaciones. Bentué se ha centrado, en todos sus libros, abordar lo que él mismo señala “el riesgo de que todo sea por nada” o del “sin sentido”. Como respuesta a esta inquietud, tanto en sus libros como ponencias, concluye con argumentos racionales que “aquel Misterio ha de ser el fundamento trascendente de sentido” del mundo.

En este libro en particular, “Jesucristo en el Pluralismo Religioso ¿Un único Salvador Universal?”, más que responder al “sentido” de la vida y de la muerte, el autor pretende hacer visible las complejidades del diálogo interreligioso a lo largo de la historia.

En esta época –caracterizada por el avance de la ciencia, la globalización, la secularización y el pluralismo cultural– las personas se cuestionan con mayor agudeza la legitimidad racional de una opción creyente, y –tema que al autor preocupa–, pareciera que la cultura occidental posmoderna tiende a preferir un nuevo estilo de politeísmo. Este pensamiento de autonomía ilimitada, provoca un rechazo a priori a aceptar principios axiológicos absolutos de un grupo de personas que profesan un credo.

Bentué, con una brillante simplicidad y pluma agradable a todo lector, señala que para el cristianismo la pretensión de un único salvador universal es tan irrenunciable como problemática. Irrenunciable porque creen profundamente que Jesús es el Hijo de Dios encarnado para la salvación del mundo. Problemática, porque se han encontrado a lo largo de la historia con culturas que tienen una religión muy bien fundamentada, con bases filosóficas, teológicas y esotéricas muy desarrolladas. Sumado a lo anterior, cada religión también se arroga el derecho de considerarse la “religión verdadera”.  

En sus 199 páginas, Bentué realiza una síntesis histórica sobre las posibilidades que han existido de diálogo interreligioso hasta la actualidad, manteniéndose fiel a los hechos: indica las dificultades de los primeros cristianos de seguir con la tradición entregada por los apóstoles; que las cruzadas fueron antitestimonio de la verdad del Evangelio; finalizando con los actos de la Iglesia posconciliar que tienden a ser cada vez más universal: entendiendo que la vocación de todo ser humano es la divina, y que los caminos son “sólo por Dios conocida”.

Bentué, de manera introductoria, dedicas unas páginas al debate surgido con la obra de Jacques Dupuis, quien entró en un diálogo interreligioso con el Hinduismo Brahmánico (que posee una profunda experiencia religiosa y teológica no cristiana).

Reflexiona en torno al aporte de Anselmo de Canterbury, respecto de su texto “por qué un dios hecho hombre”, basado en la razón, para poder llegar a quienes criticaban racionalmente la fe cristiana. Reflexiona también sobre Tomas de Aquino, quien escribe en el siglo XII “Veritate fidei catholicae contra gentiles”, el cual fue más que un diálogo accesible a los gentiles, estaba pensada en contra de ellos. Menciona además a Ramón Llull, por su famoso “libro del gentil y los tres sabios”, quien fuese el pionero en proponer la forma realmente interreligiosa de plantear el carácter único y universal de la salvación cristiana. Finaliza con la cristología de Nicolás de Cusa, en específico su libro sobre la “docta ignorantia”.

Es de gran mérito de esta obra, abordar en su tercer capítulo algunos tramos significativos de la Iglesia católica en América Latina, donde se perciben luces entre tantas sobras. Reseña brevemente la llegada de los españoles al nuevo continente por medio de la fuerza, como también algunos esfuerzos para avanzar en la correcta reflexión creyente en torno a Bartolomé de las Casas, de su obra De único vocationis modo ómnium ad veram religionem, proyecto evangelizador “de encuentro y acogida fraterna” entre creyentes del viejo mundo y los creyentes del nuevo continente. Bentué reflexiona también sobre Jose de Acosta, quien aborda el tema de forma muy similar, en su obra  procuranda indorum salute: quien indicó que el principal obstáculo para la evangelización radicaba en la forma como los conquistadores trataban a los indígenas, haciendo que en definitiva rechazaren el Evangelio. Finaliza el capítulo con un tema controvertido en la actualidad, pero sin caer en sus discusiones, sino más bien indicar su esencia: la teología de la liberación. Gracias a este entendimiento, nacieron incluso movimientos interreligiosos a nivel internacional, como por ejemplo la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo.

Este esfuerzo de diálogo interreligioso con las tradiciones religiosas precristianas y precolombinas, han marcado incluso conclusiones del Sínodo Episcopal en Aparecida en 2007: donde se llama a una pastoral que reconozcan las “semillas del verbo” presente en las tradiciones y culturas de los pueblos indígenas de América latina.

En su capítulo cuarto, se refiere a la pretensión de universalidad del cristianismo en la teología moderna. Comienza recalcando que la perspectiva católica reconoce el valor a la razón, la cual es propia del ser humano, sin caer en un “fideísmo”. En relación al carácter absoluto del cristianismo, Bentué reflexiona en torno de Feuerbach (quien pretendió identificar con Jesús a un ideal universal); Troeltsch (quien intenta proponer una nueva apologética del carácter absoluto del concreto cristiano, en el “reconocimiento de todas las religiones no cristinas como verdad relativa, en la forma religiosa absoluta y perfecta cristiana”); Hegel (quien fue el primero en plantear filosóficamente el concepto de cristianismo como “religión absoluta”); y Karl Rahner (quien propuso desde antes del Concilio Vaticano II, conceptos como “Cristiano Anónimo” y modificar/erradicar del aforismo “fuera de la iglesia no hay salvación”).

En su capítulo quinto hace un esbozo de los condicionamientos necesarios para que se dé un diálogo verdaderamente interreligioso. Se centra en el gran aporte del Concilio Vaticano II, que las ambigüedades de las religiones se superan “mediante el diálogo y la colaboración con los adeptos de otras religiones”. El autor refuerza la idea que el pluralismo religioso tiene un significado positivo (querido por Dios), y que no se debe quedar en las formas de vivir la religiosidad, sino en “la esencia del mensaje”, el cual es: donde haya buena voluntad misericordiosa, allí esta Dios, de una manera invisible pero conocida por Él. Por lo tanto, en toda búsqueda honesta de trascendencia, sea de la religión que sea, hay inherente en ellas, esa presencia misteriosa de Dios, sin que ello afecte la fe cristiana.

El diálogo interreligioso es difícil, pero con el mundo occidental secularizado y agnóstico es aún más difícil. El Concilio Vaticano II reconoce con humildad que “gran culpa del ateísmo es producto de los que se dicen creyentes y los religiosos, que por descuido de su educación en la fe o por exponer de forma diversa la doctrina religiosa, han velado más que revelado el verdadero rostro de Dios; lo cual ha provocado la dolorosa consecuencia de que personas no busquen/no crean en el misterio.

Finaliza señalando que una religión será más razonable cuando menos se le sospecha de narcicismo. Señala que Jesús no se hace funcional al poder, todo lo contrario, se deja morir. Para el cristianismo, Dios se comunica en la figura de “un crucificado”. Es una revelación inédita, de un Dios que no es omnipotente, donde el poder no vence, sino que está al servicio, es misericordia, alteridad por el otro (la humanidad entera). Bentué señala que la iglesia será realmente “mediación visible de Jesús (lo invisible)” en la medida que actuemos conforme a consciencia.

Antonio Bentué no ha publicado solo un libro, sino una invitación a una reflexión profunda acerca de la esencia de la religión. Ser religioso implica, inevitablemente, ser interreligioso. En palabras del mismo autor, “en la medida que los seres humanos sean razonables, de buena voluntad en sus propias opciones religiosas, el catolicismo debe respetar y valorar esas opciones, aun cuando no corresponda a la fe católica misma: porque la razón honesta constituye un lugar teológico donde dios se revela a todos, ofreciendo así un camino de gracia en la forma que solo dios conoce (GS 22).

Finalizo esta recensión agradeciendo al autor, Antonio Bentué, por mostrar estas luces. Fue un placer haber sido su alumno en el Diplomado de Teología UC.

Andrés Finschi Peñaloza.

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