Gramsci y el Chile actual

Por Facundo Morales Quiroga.   (Un ciudadano de a pie)

PRIMERA PARTE. 24 de mayo del 2016.

Observo los desmanes del 21 de mayo en el puerto de Valparaíso y en paralelo procuro estar atento a las palabras de nuestra Presidenta. Por un lado, una violencia desatada que le resta protagonismo mediático a la “cuenta pública” y por el otro, la puesta en escena de un ritual excesivamente pulcro, con una retórica de formas y de palabras que no ofrece nada nuevo, tan solo un anuncio que a lo más, requiere una iniciativa administrativa para que las madres cuiden a sus hijos enfermos.  De los temas fundamentales y urgentes, prácticamente nada.

Reflexiono en torno al descontento social hacia un gobierno que con su oferta de cambios estructurales, prometió dar un giro radical en temas de equidad y mejoramiento del bienestar colectivo, pero que sin embargo, ha actuado con la soberbia de quienes pontifican desde la verdad, como si convencidos de sus diagnósticos, consideran que sus planteamientos son los que cambiarán al mundo. Lo cierto es, que los modelos que se han tratado de aplicar, vienen de vuelta en la experiencia de los países que tenemos como referente, y en definitiva, se intenta avanzar mirando por el espejo retrovisor de la historia. A partir de lo anterior, y dado que el actual gobierno lo configura una coalición de izquierda, reviso a Gramsci, ese teórico italiano que logró sacar a la luz los secretos ocultos que se esconden tras la cuestión de la legitimidad del poder político.

Nuestro autor, ícono de los revolucionarios en los comienzos del siglo XX, afirmó que un poder político se vive como legítimo cuando logra vestirse con los ropajes de la “voluntad general”. De esta forma, cuando una clase social logra que sus intereses económicos y políticos sean vividos por la población toda como suyos, podemos decir que esa clase social ha conquistado lo que Gramsci llamó la “hegemonía”.

En palabras más simples, un referente político se valida cuando a través de sus intelectuales, convencen al grueso de la población que el proyecto político que promueven es el que se debe asumir como propio, proceso que por cierto, requiere de una reconceptualización, porque entre otras cosas, Gramsci nos enseñó, que las primeras batallas se dan en el ámbito del lenguaje, ya que este, por su arbitrariedad, permite resignificar, es decir, mutar su sentido original. Piense el lector de la carga valórica negativa que actualmente tiene la palabra “lucro” (“el lenguaje crea realidades”).

Sin embargo, la “conquista de la hegemonía”, no se logra solamente con versos y argumentaciones, se requiere además del poder, es decir de mecanismos de coerción, de obligación social establecidas en las leyes que el sistema político ha ido generando. No basta entonces la simple persuasión racional, ya que se necesita también la obligatoriedad de las normas que regulan nuestra convivencia y que por supuesto, son administradas por el poder de turno, que en una democracia, se conquista en las urnas con un estado de derecho de por medio.

A partir de lo ya referido, el pensamiento gramsciano actual, diagnostica que nos encontramos en una “crisis orgánica”, lo cual quiere decir que “las grandes masas no creen ya, en lo que antes creían” y es en este tipo de momentos históricos en que los poderosos han perdido su control hegemónico y no tienen más remedio que recurrir a la amenaza y a la represión porque han perdido su legitimidad ya que el relato prometido inicialmente, se ha desvanecido. Por favor, miremos a Venezuela y también a nuestro país, en el cual se agudiza la falta de credibilidad en nuestras instituciones, partiendo por quien ejerce la máxima autoridad.

Qué hacer entonces, ahora que los “voceros” del actual poder se pierden en la incertidumbre y en donde los prosélitos de otrora se angustian al constatar el nihilismo reinante producto de la desaparición del discurso moral de sus obispos y párrocos. Cunde la desesperanza ante la estulticia en la aplicación de las políticas públicas que no dan en la tecla con el bienestar prometido. Se dividen las voces, se agotan los recursos y  los aliados de ayer  comienzan a disentir de la musa inspiradora que los restableció en el poder. El caos enseñorea a la espera de un nuevo orden en una guerra evidente de posiciones.

Habrá que hacer la pérdida y esperar pacientemente a un nuevo referente que nos convenza de que su proyecto político es el adecuado para nuestro amado Chile.

SEGUNDA PARTE:  8 de julio del 2020. La tesis de la conspiración y la esperanza asociada.

Hace 4 años, observaba con preocupación los avatares de nuestra amada Patria, intentando en ello una catarsis individual de cara a lo que consideraba y considero, la pérdida de rumbo frente al marasmo de incertidumbres que nos acompañan en estos últimos tiempos, a los cuales debemos adicionar; el llamado “estallido social” de octubre pasado y la actual “crisis sanitaria” que muchos llaman “pandemia”, fenómeno nos tiene confinados en nuestros hogares a la espera de mejores circunstancias. Frente a ello, no me queda más que leer, buscar información e intentar prospectar el futuro, cosa de por sí, muy difícil. Es más probable predecir el clima que los acontecimientos humanos, tan repleto de variables disrruptivas, de “cisnes negros” como diría Nassif Taleb.

Y por lo anterior, vuelvo a Gramsci, el teórico italiano, que junto a Marx y Lenin, prefiguraron el diseño, la hoja de ruta estratégica para copar el poder e implantar la “dictadura del proletariado”, el cual, no fue más que un experimento totalitario, que luego de la caída del muro de Berlín, mutó de manera incestuosa a un híbrido del capitalismo antes rechazado talmúdicamente por la clerecía de la izquierda mundial. Prueba de ello, es el capitalismo chino, el de Vietnam y otros sibilinos casos, como lo es en Cuba la entrega de la administración aeroportuaria a empresas capitalistas extranjeras (el castrismo se evidenció torpe e ineficiente). Para qué hablar de los fracasos horrorosos de Venezuela, Nicaragua, acompañado además, de la pérdida de las libertades individuales.

Gramsci, fundador del partido comunista italiano en los primeros años del Siglo XX, vivió con entusiasmo la Revolución de Octubre conociendo in situ la experiencia los soviet, modelo que junto con compañeros de partido, intentaron replicar en las fábricas italianas del Piamonte industrial con el objeto de gestar la conciencia de clase tan necesaria para el proyecto revolucionario. Sin embargo, pudo empíricamente constatar que ello es insuficiente. Acceder al poder requiere de estrategias más sofisticadas. La simple convicción de clase no basta, como así también la violencia armada como instrumento de coacción, sometimiento y derrumbe del modelo al cual se quiere reemplazar.  Gramsci lo constató en carne propia una vez volvió a Italia con el fuero diputado, en pleno auge del fascismo italiano que había surgido como reacción a la expansión del comunismo revolucionario por Europa. Mussolini por tanto, no tardó en meterlo preso, pasando el resto de su vida recluido en condiciones humanitarias y de censura extrema. Durante más de 10 años (hasta 1939), desde su celda, redibuja la estrategia política de la praxis marxista, la cual consigna en sus famosos 33 libros carcelarios. En estos textos, sus reflexiones dan cuenta que un proyecto de cambio social requiere de la penetración de la “sociedad civil” construyendo un discurso de “sentido común” con el cual se articule “hegemonía”, es decir que el grueso se persuada de la necesidad de quebrar el paradigma existente. En tal propósito, los intelectuales sensibles con el cambio (“intelectuales orgánicos”) son fundamentales, ya que ellos crean opinión, como así también un “partido de vanguardia” capaz de procurar soporte ejecutivo a la “guerra de posiciones”. Sin embargo, tan importante como lo anterior, es la penetración de los cuerpos intermedios de la sociedad civil (sindicatos, colegios profesionales, estudiantes, organizaciones gremiales, medios de comunicación, universidades, escuelas y otros).

Conocido lo anterior, no me resulta extraño el copamiento que los partidos de izquierda dura (chavistas, castristas, maduristas, socialistas, comunistas, frenteamplistas, etc.), todos miembros del Grupo de Puebla, hayan hecho y estén haciendo en distintos ámbitos y reductos con capacidad de vociferación. Y desde esas posiciones, colaborar a la modificación del modelo de conducción vigente, que esencialmente, promueve la capacidad de cada cual, para avanzar en el bienestar individual y colectivo, construyendo y mejorando lo existente para alcanzar mayor equidad, respeto, tolerancia y libertad social.

Sin embargo, nada de lo que se ha logrado satisface a los “revolucionarios”, los cuales no trepidan en contaminar cualquier causa para utilizarlas en el desmantelamiento de lo existente, en tal afán, van construyendo “hegemonía”, ganando la obsecuencia de variados sectores, que a la fecha, no han manifestado su rechazo a la violencia de la cual hemos sido testigos y víctimas, validando de paso, la agresividad y el odio como mecanismos de acción política. Nada les satisface, todo es insuficiente. Todo hay que rechazarlo en el objetivo de ir “agudizando las contradicciones”.

Nada que decir, esta izquierda stalinista que tenemos instalada en Chile y Latinoamérica, ha seguido al pie de la letra el “manual de cortapalos” diseñado por Gramsci, y de paso, el resto, los comunes y corrientes, los ciudadanos de a pie, hemos sido unos giles, incapaces de frenar la ola que nos amenaza con riesgo evidente.  Un solo ejemplo para no abundar en lo que ya ni siquiera nos conmueve. Desde hace a lo menos un par de años, el otrora Instituto Nacional, fue el “laboratorio” del extremismo urbano, allí se puso en práctica las tácticas de guerrilla urbana que luego terminarían con los incendiarios ataques a la infraestructura pública y el “pencazo” que ello provocó en nuestra economía. Un simple tour virtual lo ratifica, como también la evidencia palmaria de las visitas de variopintos “dirigentes de base” a los vaticanos de la insurrección.

Estimados lectores, estamos en medio de una crisis con el “Caballo de Troya” paseándose por Chile. Dentro de él, todos aquellos que no entienden la gradualidad de los cambios, el consenso social, el afán de progreso verdadero. Este fragmento de inútiles han hecho mucho daño y van por más, entre otras cosas, demoliendo la institucionalidad que nos ha permitido avanzar.  Creo que llegó el tiempo de copiar a Gramsci y ocupar su diseño para instalar una hegemonía que exalte de manera categórica la construcción de un Chile para todos, sin saltarse la fila de la democracia. La tarea no es fácil, ayuda a la incertidumbre el “nihilismo” imperante. Las batallas serán duras, pero la guerra se puede ganar.

Comments

comments

Más Artículos

Evolución de la Coctelería Mundial

Evolución de la Coctelería Mundial

Para quienes quieren entender y ser más entendidos Intentamos trazar las líneas temporales de la coctelería y los cócteles hasta su nacimiento. Cómo se cree que surgieron, de dónde viene su nombre... Los orígenes y la historia del arte de la mezcla Los problemas por...

Secos Snack, excelencia de innovación y calidad

Secos Snack, excelencia de innovación y calidad

Secos Snack, excelencia de innovación y calidad para cuando nos podamos reunir nuevamente Producto de alta gama que nace en diciembre del 2019, con deshidratados que van desde queso mantecoso, mantecoso con orégano y merken, hasta jamón de cerdo, arrollado de huaso,...

CUANDO EL DIABLO METIÓ LA COLA. Ecos del “estallido social”

CUANDO EL DIABLO METIÓ LA COLA. Ecos del “estallido social”

Por Facundo Morales Quiroga (Un ciudadano de a pie). Tres antecedentes periodísticos aparecidos el domingo 26 de julio, reafirman la tesis conspirativa que habrían dado origen al estallido de violencia del pasado 18 de octubre; 1.- El avance investigativo en torno a...