Qué duda cabe, Chile fue descubierto por el sur por el portugués al servicio de la Corona española, Hernando de Magallanes el 21 de octubre del año 1520. 16 años después lo haría  Diego de Almagro entrando al territorio por el paso San Francisco a la altura de Copiapó.

Este año, se conmemoran 500 años de la travesía que por primera vez en la historia logró abrazar por completo el diámetro de la tierra, dado que la expedición iniciada por el lusitano en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) el 20 de septiembre de 1519, logró arribar de vuelta al mismo punto casi tres años más tarde, el 6 de septiembre de 1522.  El periplo fue titánico y trágico. Según lo que nos refiere el cronista del viaje Antonio Pigafetta, Magallanes, un cojo aristocrático de carácter decidido,  sufrió los tormentos propios de una exploración a lo desconocido, a través de mares infernales intentando llegar a las Islas Molucas, las cuales no alcanzó a conocer ya que muere a manos de los indígenas de la isla Mactán en las cercanías de las Filipinas (27 de abril de 1521).

En lo que a nuestro territorio se refiere,  Pigafetta, hace la primera descripción de los naturales del territorio: “hombres altos que, con la cabeza, apenas les llegábamos a la cintura”. “Las mujeres no son tan grandes como los hombres, pero en cambio son más gruesas. Sus pechos colgantes miden más de un pie de largo… y aunque a nuestro ojos distaban enormemente de ser bellas, sus maridos parecían muy celosos”. Sic. Aunque algo fantasiosa y exagerada, la descripción da cuenta que en nuestra América, sus habitantes poseían características raciales diversas y por lo mismo, orígenes distintos.  El cronista alude también,  al inusual tamaño de los pies de estos indígenas, razón por lo cual quedaron bautizados por Magallanes como los “patagao” (pie grande), condición que luego influiría en la denominación del territorio como “Patagonia”. Interesante fue la gran cantidad de fogatas encendidas que los marineros atisbaron desde sus naves y que al parecer, no eran otra circunstancia que emanaciones de gas que alguna vez encendieron los aborígenes para sus rituales mágicos.

Magallanes exploró el estrecho  y el 27 de noviembre de 1520 visualizó un océano que bautizó como “Pacífico”, el mismo que en 1513 había descubierto Vasco Núñez de Balboa en la actual Panamá.  A continuación, la expedición avanzaría en diagonal hasta la altura de Caldera, para desde allí torcer al oeste. Si el viaje desde España había sido infernal, soportando sediciones y conspiraciones varias, esta parte de la travesía fue sencillamente dramática. 100 días de una navegación por un mar en calma,  pero sin alimentación y con poca agua, al extremo que la tripulación  debió beber su propia orina, comer aserrín, cueros de sus vestimentas y las pocas ratas que iban de polizones acompañando la aventura. Finalmente llegaron a las Filipinas, en donde a la bienvenida inicial de su población, siguió la infausta muerte del expedicionario portugués atravesado por un asta.

La expedición al mando ahora de Sebastián Elcano y Gonzalo Gómez de Espinoza,  llegó a las Molucas, objetivo primordial del viaje, territorio rico en especias apetecidas para la preservación de los alimentos e insumo esencial para el incipiente comercio de la época. Desde allí,  iniciaron el regreso arrancando de los portugueses,  que ya habían llegado con antelación  y que reclamaban como propias esas ínsulas dando comienzo a la primera guerra colonial que la historia conoce.

De 270 hombres de la expedición inicial y los cinco navíos que la integraban, solo regresaron 18 y un barquichuelo, la nao Victoria, cuya réplica el lector podrá observar en el puerto de Barcelona.

Resultado de imagen de estrecho de magallanes

 

Comments

comments