Reflexión asociada para avanzar a un mundo mejor.

De la mano de la globalización y sus beneficios también llegaron las vulnerabilidades, riesgos y amenazas que hoy afectan la vida planetaria, y que en lo puntual, hoy emergen con el temor de una pandemia que comenzamos a atisbar en los estragos de un patógeno cuya forma microscópica (similar a una corona) lo categoriza como un “coronavirus” y cuya identidad específica asignada por la ciencia es: COVID-19

Los estragos están a la vista y copan la agenda informativa de los medios de comunicación. El impacto sobre la vida de las personas y la economía de los países se está haciendo notar por la paralización de las actividades cotidianas ralentizado a la principal economía del mundo (China, principal país afectado) con un efecto inmediato en; las bolsas mundiales, el precio a la baja del petróleo, de nuestro cobre, pero particularmente a la actividad turística mundial que este año experimentará cifras a la baja.

El panorama no es muy halagüeño, expertos mundiales como el ecólogo norteamericano Peter Daszak miembro del Ecohealth Alliance, organismo que investiga los orígenes de las últimas epidemias, señala que en el mundo, a lo menos existen 1,7 millones de virus potencialmente infecciosos y que solo se han logrado caracterizar menos de 2000. En la actualidad no existen vacunas desarrolladas y la contención de las enfermedades asociadas solo cuentan con paliativos que no eliminan la existencia de los virus. El caso más reciente es el famoso SARS (síndrome respiratorio agudo) que provocó 774 muertos el 2003 (las cifras actuales del Covid-19 van en 3.996 al día de hoy, y de los 113.583 infectados, solamente 62.517 se han mejorado). La esperanza, es la creación de una vacuna universal, pero especialmente la planificación de las acciones sobre la naturaleza, como por ejemplo la destrucción del medio ambiente para la expansión de la vida humana, dado que existe la certeza que todos los virus que se encuentran emergiendo provienen del hábitat silvestre. El caso más conocido es el del VIH que transitó de los monos, a los cazadores de esta especie a comienzo de los años 80, y que luego se propagó al mundo por medio de las relaciones homosexuales primero y heterosexuales después. En la actualidad, tal como ya lo señalábamos, aún no existe una vacuna para el SIDA, solo potentes remedios retrovirales.

En el intertanto, observamos restricciones en el desplazamiento de las personas, cuarentena a los viajeros provenientes de lugares con alto número de infectados, quiebra de empresas aéreas, ciudades emblemáticas sitiadas, interrupción de las actividades cotidianas y el creciente temor urbano por el inminente contagio. Como efecto inmediato, la actividad turística amenazada, especialmente en Chile, en donde nos ha “llovido sobremojado”, dado que el llamado “estallido social” ha vulnerado un sector que tiene como insumo las dinámicas estacionales.

¿Qué hacer?, rogar para que el fenómeno se disipe, y que de paso, efectivamente avancemos en la prevención y no en la reacción improvisada. La naturaleza nos está dando señales potentes que hay que saber leer con urgencia. Los seres humanos debemos experimentar un punto de inflexión radical en el respeto por el medio ambiente y la naturaleza en general, y en ello, el turismo es un vector esperanzador hacia las soluciones definitivas.

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