Cultura y Espectáculos

Ópera Rodelinda en el Teatro Municipal de Santiago

Para empezar, se trata de ponerse al servicio de la obra y, particularmente, de la música de Händel. De esta música que es un encantamiento de cada instante, que altera y hace vibrar una emoción que viene de lejos, como del principio de sí mismo.

Rodelinda, como las grandes obras barrocas, es un viaje al corazón de las pasiones humanas. Atravesamos todos los sentimientos: odio, deseo y decepción, traición y desesperación. Pero lo que convoca a esta vorágine de sentimientos es, ante todo, el dolor frente al duelo. Porque Rodelinda es reina y viuda, está sola con su hijo pequeño y es codiciada por el asesino de su marido. Marido que, a pesar de todo, no está muerto y vuelve a buscar a su amor y su hijo. Entre la rivalidad del poder y la rivalidad del amor, los personajes se buscan, dudan si satisfacer sus deseos o preservar su honor. Un alma oscura e intrigante que desea acceder a la cima del estado, precipitará los eventos, sembrando violencia y traición en espíritus con problemas.

Victor Hugo dijo: “La prueba suprema, la prueba única, es la pérdida del ser amado”. Rodelinda confronta esta pérdida a la manera de una Andrómaca luchadora, que se niega a ser esclava en la casa de los asesinos de su marido. Ella es una figura de la resistencia a la dominación masculina, que resuena con particular actualidadY si para expresar el indecible sufrimiento que es la pérdida de su marido, Rodelinda canta, Flavio, su pequeño hijo, no dice nada, nunca. Observa, en una espera suspendida, como si su vida fuera aquí y ahora. Como si fuera el pequeño Astyanax, que escudriña, desde la parte superior de las paredes de Troya, el resultado de la lucha entre su padre Héctor y Aquiles, quien determinará si debe vivir o morir.

Sobre el escenario se deslizan, sobre dos planos sucesivos, piezas de palacios, toldos, espejos, espacios oscuros e impresionistas, grandes rejillas o un calabozo. A la manera de los traslados en las películas, los personajes viajan, inmóviles. Estamos en el universo mental de la mirada de Flavio sobre el mundo intransigente de los adultos, con toda la fantasía y la violencia de un sueño o la pesadilla de un niño.

Thomas Bernhard, dijo: “la infancia es el agujero negro al uno es lanzado por sus padres y desde donde uno debe salir sin ayuda”. Hemos optado por cuestionar el trabajo desde el aspecto del niño que, a pesar del horror de la situación, juega en medio del drama. A menos que él lo invente y participe del mismo. ¿Estamos en un tiempo suspendido unos segundos antes de la tragedia de su propia muerte? ¿O en la observación de la resiliencia de un ser frente al drama del duelo?

Sin buscar reducir la obra, y brindando respuestas, suspendemos las preguntas, en este lugar de reunión de los imaginarios que, sin duda, se encuentra en algún lugar entre el escenario y la sala, sobre el foso de la orquesta, para dar a cada espectador el espacio de la invención y la recreación del espectáculo.

Ópera | RODELINDA | 24, 27, 29, 31 de agosto, 2 de septiembre de 2019
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