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Turismo de intereses especiales: la religiosidad como atractivo

¿Ha escuchado hablar del turismo de intereses especiales? Si no es así, en simple se trata de turismo diseñado según los gustos o motivaciones muy personales.

Hay de diversos tipos, como identidad cultural, arqueológico, patrimonial, etc.  Un tipo de turismo muy fuerte es el religioso, que puede ir desde las visitas a las grandes catedrales o monasterios antiguos de Europa, hasta los tours que ofrecen recorrer las diversas iglesias de Chiloé. Este tipo de actividad mueve a millones de personas en todo el mundo.

Pues bien, en el Centro Cultural de Nancagua se acaba de realizar el primer “Seminario de Turismo Religioso y Espiritual: Un Aporte para el Desarrollo Turístico Local”, organizado por la municipalidad respectiva, en conjunto con la Dirección Regional de Sernatur.

El seminario estuvo orientado principalmente al patrimonio cultural religioso y sus festividades, así como compartir las experiencias de otros territorios en este ámbito.

Es importante mencionar que en la comuna  se celebra todos los 8 de diciembre una importante fiesta religiosa en el Santuario de Puquillay, cuatro kilómetros al Sur de Nancagua, donde sobre un  pedestal de piedra y  una pequeña capillita, se alza una estatua de la Virgen Inmaculada, hecha en Francia, que mide tres metros y es de fierro bronceado.

Más allá del seminario, el turismo religioso en América Latina y Chile es enorme.

En nuestro país, el Santuario de la Inmaculada Concepción en la cúspide del Cerro San Cristóbal en Santiago es una de las paradas obligadas que tanto turistas como santiaguinos realizan cuando visitan el Parque Metropolitano.

En el Norte Grande ocurre una de las principales fiestas de Chile, producto del sincretismo religioso: La Tirana (en la localidad a 90 kilómetros de Iquique), de origen andino pero que se realiza cada 16 de julio en honor a la Virgen del Carmen, patrona de Chile. Como mencionamos, su origen es previo a los españoles y se encuentra en el culto a la Pachamama o madre tierra para las etnias quechua y aymará.  Dura varios días, con ritos, cantos y bailes con vistosos atuendos.

Mucho más al sur, en Chiloé, se encuentra la fiesta  cada 30 de agosto del Nazareno de Caguach, en la isla del mismo nombre, los chilotes de todo el archipiélago se reúnen ahí tras una verdadera regata en sus lanchas y barcazas. Esta festividad se remonta a 1778, cuando sacerdotes franciscanos instalaron en el templo de la isla una figura de Jesús.

De esta tradición, la más importante festividad religiosa chilota, podemos desprender algunas palabras para las más de 400 iglesias de madera que existen en la Isla de Chiloé. 16 de ellas tienen la categoría de Patrimonio de la Humanidad (Achao, Quinchao, San Francisco de Castro, Chonchi, entre otras), incluyendo la de Caguach. Las más antiguas superan los 250 años.

Si tiene la suerte de estar en la zona central de Chile el fin de semana siguiente a Semana Santa, se podrá encontrar con sujetos en caravana, a caballo y repartiendo bendiciones. Se trata de la Fiesta de Cuasimodo,  celebración religiosa típica del campo chileno. La fiesta se remonta a la época de la Colonia, cuando sacerdotes visitaban pueblos para llevar la comunión a  enfermos y ancianos que no podían cumplir con la obligación de comulgar al menos una vez a año (como establecía el Concilio de Trento). Para que los sacerdotes no fueran asaltados por bandidos, huasos católicos los acompañaban distinguiéndose con pañuelos blancos en la cabeza.

La religiosidad, un aspecto que acompaña al ser humano desde sus orígenes, resulta uno de los intereses especiales que atrae turismo. No es extraño ver a peruanos y bolivianos en la Fiesta de la Tirana, brasileños y argentinos en el San Cristóbal, o europeos en las islas chilotas. Una clara muestra del atractivo de la religiosidad.

 

 

 

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