Foto: MNBA
Cultura y Espectáculos

Tránsitos: Colección de esculturas en el MNBA

Obras del Museo de Copias, envíos y adquisiciones para el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) a inicios del siglo XX.

Hall Central, hasta el 31 de diciembre 2017.

Tránsitos, toma como eje principal el movimiento y la circulación que realizan las esculturas, ya sea geográfica o simbólicamente, desde Europa a Chile, desde lo global a lo local y desde la relectura de lo clásico, transitando por la modernidad a la contemporaneidad, a partir de la colección escultórica del Museo Nacional de Bellas Artes.

Gloria Cortés, curadora de la exposición.

El Museo de Copias para Chile apareció como proyecto por primera vez en 1899. Se basaba en el arte imitativo que reproduce las grandes obras de la antigüedad clásica, el Renacimiento y e incluso, de los artistas del siglo XIX, conformando el “buen gusto” de la época. La finalidad de estas esculturas provenientes de los talleres de calco y vaciado más importantes de Europa o de museos como el Louvre, era completar y extender la educación y el sentido estético de los artistas chilenos en la Academia de Pintura y en el Curso de Escultura, acorde al programa modernizador del período. Esta situación se repitió en gran parte de Latinoamérica.

La práctica de la copia se dirigía al intelecto del artista más que a su sensibilidad, ya que pretendía potenciar el estudio acucioso de las formas y las técnicas de la escultura clásica, predominando el interés por la erudición sobre la creatividad. Pero también pretendía educar didácticamente al pueblo sobre la cultura de la humanidad -aunque restringida al mundo occidental europeo- como una estrategia discursiva de la elite.

De los más de 450 objetos que conformaron el Museo de Copias encargados por el gobierno a Alberto Mackenna en 1901, y que en 1910 ocupaban todo el hall del Museo, hoy solo quedan alrededor de 40. A las esculturas, se sumaron, sistemáticamente, ornamentaciones, pinturas, litografías, estampas y dibujos donados, adquiridos o provenientes de la antigua Academia, que completaban esta visión estetizante sobre el arte. Sin embargo, la copia trasciende y tensiona las prácticas artísticas sobre los límites entre la veracidad, el original y su reproducción múltiple, así como la función en el proceso de aprehensión de las obras y las imágenes colectivas.

Los envíos de pensionistas del siglo XIX especialmente en Francia e Italia, conforman otro importante corpus de esculturas del Museo, realizados como retribución a las becas otorgadas por el Estado para perfeccionar sus estudios en Europa demostrando así los avances de su formación académica. Los becados solían presentar estos envíos en los salones nacionales mientras las esculturas se presentaron siempre en desventaja frente a la pintura. Los grandes formatos, el precio y/o escasez de los materiales, el transporte de las obras, el costo de los modelos y el tiempo de ejecución o la fragilidad de los yesos, impedían, muchas veces, que los(as) escultor(as) pudieran enviar sus obras a Chile o participar de los grandes salones parisinos. A lo anterior se sumaba la inequidad e irregularidad de las pensiones otorgadas, componente esencial de las disputas entre artistas y autoridades.

Diversas temáticas se abordan en estas obras, predominando las de tipo mitológicas y simbólicas acordes a la idea de la racionalidad y civilidad de la Nación, pero que tras esa aparente ficción normativa guardan significados más profundos sobre el abandono y el despojo o la guerra y la raza que la patria blanca deseaba ocultar. La mujer, que aparece recurrentemente más como objeto de la obra que como sujeto productor, es escasamente representada en la colección a pesar de la existencia de figuras de renombre que fueron acreedoras de premios, medallas y reconocimientos internacionales.

Las becas se extendieron hasta entrado el siglo XX, pero las inquietudes ahora se orientaban hacia la incorporación y experimentación sobre nuevos materiales y formatos, así como de nuevos sujetos sociales, acordes a la modernización de los Estados latinoamericanos.

Dentro de las celebraciones del Centenario, la realización de la Exposición Internacional de Bellas Artes y Arte Aplicado a la Industria (1910) cumplió don el fin de inaugurar el actual edificio del Museo Nacional de Bellas Artes y la Escuela de Bellas Artes; mientras que por otra, aseguraba las relaciones diplomáticas y la modernidad de la Nación, permitiendo reafirmar la oficialidad respecto del “buen gusto”. Esta vez fijado por el Consejo de Bellas Artes, quien se encargó de regular el quehacer artístico, marcando pautas sobre su desarrollo y actuando como la voz del gobierno en materia cultural.

En ese contexto, cerca de 200 esculturas se exhibieron en el nuevo Palacio de Bellas Artes en contraposición a las aproximadamente 1.500 pinturas provenientes de más de quince países, compartiendo todas ellas una fuerte relación con el academicismo.

El tema de las ninfas acapara gran parte de esa producción, como soporte de ideas y símbolos del deseo sexual dominante sobre la supuesta esencia de lo femenino. Dionisiacas o apolíneas, diosas de la naturaleza o monstruos-mujer, las ninfas se metamorfosean con los elementos de la naturaleza -el viento y el agua-, el eros y el sexo. En ellas se encarnan el éxtasis, la orgía, la locura y los desenfrenos, así como el engaño y la mentira. De características duales, celestial o impuro, el modelo ninfa condensaba la “fealdad moral” de la mujer difundida en el siglo XIX y que se extiende por gran parte del siglo XX. Su belleza e idealización, así como su oprobio licencioso, estaban destinados al placer del hombre burgués.

Según la curadora Gloria Cortés ” Mediante una serie de repertorios y obras, estas esculturas ofrecen un panorama de tránsitos y diferencias de y desde el arte académico, al mismo tiempo que plantean una serie de preguntas sobre las categorías artísticas de originalidad y autenticidad; las prácticas del mimetismo en la enseñanza de las artes; el papel de la copia en el coleccionismo privado e institucional; la obra como archivo y documento; la materialidad como recurso de apropiación; así como la persistencia de la influencia clásica occidental en la cultura -que se constituye a partir de su ausencia original y la presencia de su transcripción- entre otras tantas directrices que surgen del estudio de la colección. La exposición Tránsitos. Colección de Esculturas MNBA, invita a la reflexión sobre las tensiones de la escena artística del siglo XIX, entre la tradición y la innovación, la estética y los gustos de las elites y, finalmente, la producción nacional y su circulación de la mano de la institucionalidad del arte.

Descargar aquí catálogo de la exposición >>

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