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Actualidad Opiniones

Mayol: No entendiste nada…

Por Facundo Morales Quiroga (Un ciudadano de a pie)

Y ahí estaban ellos, jóvenes impetuosos e irreverentes. Eran los que traían la verdad revelada anunciándonos la llegada del hombre nuevo. Generación de recambio de la política trasnochada, a pesar que sus rostros también evidencian el cuadro facial del que se amaneció en la juega universitaria tomando vino en caja y comiendo una sopaipilla callejera.

Su progresismo se acusa en una apariencia desgreñada; uno con una calvicie artificial, otro, con un coqueto moño sobre la testa y más obeso que en su época de campaña. Un tercero, irónico con facha de duende pero de verba afilada y rápida. En el caso de ellas, las féminas, por lo regular espetan una mirada irónica y rabiosa complementada con un adminículo ferroso que atraviesan sus fosas nasales, casi como una metáfora esclava del que repite sin autonomía, el discurso que escuchó del compañero combatiente de turno.

Uno de ellos, como si hubiese vivido siglos, creyó que había llegado su tiempo de conducir los destinos de la Patria, y desde el soporte televisivo nos machacaba esa frase en donde, hasta el cansancio, nos reiteraba que no habíamos comprendido nada (“no has entendido nada”, nos decía). Claro, él era el nuevo mesías que día a día, cual parábola, le predicaba al pueblo ignorante el evangelio “progresista”. Su promesa: construir una larga senda metálica que atravesaría de norte a sur la depresión intermedia para hacer avanzar al nuevo Chile en el lomo de un “caballito de metal”.

Le reconozco al personaje de marras, el atrevimiento y su capacidad para configurar pensamiento crítico, mas nunca lo imaginé en los avatares de la política. Cuando constaté que era candidato, nada menos que a la Presidencia (que manera más abrupta de transitar por la senda del poder), me acordé de mi profesor de administración en décadas pasadas, cuando nos refería del “Principio de Peter”, o sea, el alcanzar los techos de incompetencia en nuestros desempeños laborales, es decir, se puede llegar a ser el mejor sociólogo (techo), pero constatar que no puedo ser Presidente de la República (incompetencia).

A diferencia de las descripciones de los personajes iniciales, que sí pudieron superar el principio de Peter, saltando de la mesada de los padres a la dieta parlamentaria, el más menudo de ellos, ante su frustración primera, quiso plasmar su ambición de servidor público, esta vez con un cupo parlamentario en el mismo distrito que uno de sus compadres, sin embargo, vino lo terrible, constatar que la política es como una señora antigua, que ya no va a cambiar “por más fuerte que sean los tiempos”, dado que, independiente de la juventud de quienes integran el referente político al cual adscribió “el candidato”, la práctica del “cambulloneo” (viejo término nacional) se ha mantenido incólume, es decir, posee la misma moral de antaño, como esa novela del premio nobel Williams Golding, autor de un relato que se liga a lo que contamos: “El señor de las moscas”. Descripción aguda de como la ambición humana habita en el hombre, independiente de si estos son niños o adultos.

Lo que observamos hoy día, es la política como espectáculo. Atrás quedo el ethos griego del hombre de la polis que participaba en su mejoramiento (política, el que ayuda a mejorar la polis). En los tiempos actuales, observamos, entre otros, a una cáfila de ciudadanos transitando de la adolescencia a la adultez con un discurso soberbio y mesiánico. Como diría Nietzsche, puro “optimismo teórico” en el intento de creer que marchamos hacia un progreso en las prácticas y formas de vida. Ojalá me equivoque. Por ahora, somos mudos testigos de una pelea de barrio con parentela de por medio defendiendo a sus maridos y con la “iñora” de turno tratando de mediar en lo imposible.

Otro día, reflexionaré sobre la Democracia Cristiana.

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