Opiniones

Venezuela y sus desafíos, por Samuel Fernández

La elección de una Asamblea Constituyente se efectuó, pese a los esfuerzos de la oposición democrática, las multitudinarias manifestaciones de protesta, huelgas, paros, barricadas, y numerosos muertos. Las cifras de participación, según el Gobierno, no coinciden con la real, y hubo un enorme abstencionismo que jamás reconocerán. De nada sirvieron los llamamientos de líderes regionales, la Unión Europea, la Iglesia, las solicitudes de diálogo, ni las advertencias de posibles sanciones políticas y económicas, por parte del Mercosur o de Estados Unidos. Tampoco los no reconocimientos de importantes países regionales. Menos han prosperado los esfuerzos del Secretario General de la OEA, transformado en enemigo personal de Maduro, por su actitud valiente y decidida en preservar la institucionalidad. Y lo más significativo, no se consideró el ejercicio previo de votación ciudadana, dentro y fuera del país, donde más de siete millones y medio de venezolanos, se opuso. Una demostración clara y contundente del grado de oposición a un régimen que los agobia, en medio de un descontento generalizado.

La realidad no le importa a Maduro y sus seguidores, fanatizados o acallados por prebendas, pagos y beneficios que carecen los demás. Unas fuerzas armadas entregadas al régimen y no al país que juraron preservar. Un verdadero gobierno militar indirecto, que sostiene a un personaje que se vanagloria de su mediocridad y de sus abusos. Sólo los contrarresta con insultos, amenazas, o encarcelamientos arbitrarios, convertido en una figura vociferante, caricatura del típico dictador caribeño, sin atractivo, desapegado de la realidad, en un mundo propio y rodeado sólo de incondicionales. Ningún país seguidor del proyecto de revolución chavista, lo adoptaría como modelo. Un régimen en aguda crisis económica con un país despilfarrado, que agotó su capacidad de comprar adeptos.

La nueva Constitución que redactarán los 545 elegidos, únicamente entre partidarios,  perpetuará a Maduro y desmantelará la de Chávez; un militar populista con enormes recursos petroleros que no actualizó y dilapidó interna y externamente. Muchos chavistas desencantados han dejado de apoyarlo. Fabricará otra para sí, pues está aterrado de perder el poder, ejerciéndolo por la fuerza y no por decisión popular. Hace tiempo que los venezolanos descubrieron sus intenciones y continuarán rebelándose o desobedeciendo, en un creciente levantamiento civil ingobernable.

El país se perfila, además, como un gran problema para el mundo, y quienes, de verdad son consecuentes con los valores democráticos, el respeto a las instituciones en que se basa, y la vigencia de los derechos humanos, más allá de los discursos y las consignas declamatorias. De ahora en más, Venezuela da un nuevo paso hacia una dictadura sin ocultamientos. Las consecuencias, por desgracia, sólo auguran más días difíciles para su pueblo, que soberanamente no acepta someterse por la fuerza. Seguramente habrá nuevas protestas, confrontaciones y mayor violencia represiva, de un modelo que fracasó. Un nuevo desafío también para la comunidad internacional, y para quienes están convencidos de que Venezuela no merece el totalitarismo que vendrá.

Samuel Fernández
Académico Facultad de Derecho, U.Central

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