Centro Salud y Vida
Opiniones

El poder de la música

Foto: Joseph Eid
Foto: Joseph Eid

Hace poco me encontré de pronto mirando una foto artísticamente incomparable por lo oportuna y por su impecable composición, pero a la vez sencillamente estremecedora: en Alepo, Siria, un hombre, ya mayor, en una actitud de serena resignación, tal vez una sabia ausencia, sentado frente a un aparato escucha un vinilo mientras sostiene en su mano una pipa. Hasta aquí todo un retrato, pero es que hay otro ingrediente: su casa está destruida por las bombas y hasta sobre su cama hay pedazos de concreto, se acabó todo a su alrededor pero él se abstrae escuchando música en ese artefacto que ha de ser a pilas o a cuerda, porque en tamaña situación no puede haber energía eléctrica. Es una imagen bellamente patética, que habla con suprema claridad de la estupidez humana que él combate…con música, con el poder de la música, ese poder que todavía la inmensa mayoría de los seres humanos desconoce porque solo la oye pero no sabe escucharla, no sabe refugiarse en ella ni sabe lo que puede encontrar en ese personal universo sonoro. Pero ese hombre maravilloso, que espero de todo corazón siga con vida, lo tiene claro.

La música, el poder de la música…ese poder estimulante o consolador que la mayoría ha sentido más de una vez en su vida, pero no lo ha identificado, no lo ha reconocido y mientras unos lo ignoran todo a pesar de que la consumen en sus vehículos, en sus fuentes laborales o en sus audífonos, otros la miran por encima del hombro y le niegan el pan y la sal porque la ven como un accesorio de poco valor y entonces la quitan de los planes de educación y le regalan limosnas de financiamiento que, para colmo, de pronto se llevan los que no la necesitan porque ya tienen un nombre y una trayectoria.

Los medios de comunicación, en una inmensa mayoría, no ayudan en nada a que la gente entienda esto, tal vez porque las personas que abordan el tema en ellos tampoco saben mucho. Cuando un canal de TV abierta anuncia comentarios de música, ya sabemos que solo hablarán de un tipo de música, la que “vende”, porque los demás no existen en sus carpetas. Los comentaristas -algunos se autodenominan críticos- no manejan mucho más y cuando debido a la contingencia tienen que hablar de otras formas, necesitan preparar mucho la nota y en cámara es muy evidente que están abordando temas, situaciones, obras y personas que no conocen, cuyos nombres incluso pronuncian mal pues la magia de Wikipedia no ofrece ese servicio asociado a las biografías. Y cuidado, no estamos hablando solo de música “selecta” o “clásica” sino de jazz, blues, música de raíz folclórica, música de países, todo tipo de música instrumental no enchufada e incluso algunas formas de pop y rock de elaboración un poco más compleja que aquella que vende más, concepto también digno de estudio porque, créeme, no refleja realidades en este tema.

Queda claro que para la mayoría de los medios la música solo existe y vale como tal si garantiza que puede llenar un recinto para 5.000 personas o más. Tan claro como que en Europa hay sitios para 15.000 que se llenan, precisamente, de ese público que busca otra cosa porque sabe que esa otra cosa existe. No ayuda en nada a la educación de nuestra gente asumir, de modo unilateral, que lo demás no le interesa y que lo que los medios le ofrecen es lo que la gente “pide”: ni el comentarista, ni el crítico, ni el editor ni el director de programación tienen la menor idea de qué es lo que “la gente” quiere escuchar o recibir en regiones, porque no las han recorrido, nunca han conversado con el público que va a conciertos en localidades definitivamente rurales, comunidades a veces muy alejadas de los circuitos habituales. Tenemos claro que la función de estas personas no es, ni ha sido nunca, aportar algo en materia de educación o de cultura, pero sí sabemos que finalmente su manera de entender esto acaba estorbando seriamente la labor de ese imprescindible puñado de locos lindos que sí entienden que la música puede hacernos mejores personas. También está muy claro que cada cual elige lo que q uiere escuchar, por favor, es un derecho inalienable, pero los medios y especialmente la diosa televisión, canalizan y hasta podríamos decir que condicionan las preferencias de los demás cuando solo hablan de un tipo de música e ignoran todos los demás.

¿Cómo le enseñamos a nuestra gente a escuchar en lugar de oír? ¿Cómo le explicamos a nuestra gente que hay músicas que cree “aburridas” o “elitistas” y que sin embargo tienen mucho que decir y aportar si uno se acerca a ella con otra disposición? ¿Cómo le enseñamos a nuestra gente a elegir en lugar de aceptar lo que le den? ¿Cómo le explicamos que al elegir su música están eligiendo también verdaderas terapias personales? Todo eso se hace acercando la música a la gente, pero toda la música, todas las formas, todos los estilos, todas las corrientes para que cada uno decida con elementos de juicio resultantes de su propia cultura musical y no de lo que le digan los medios.

Hay que entender que ser crítico no es lo mismo que ser comentarista de música y que ser comentarista de música no es lo mismo que ser comentarista de músicos, pues son cosas muy diferentes y es bueno tener eso en cuenta antes de pretender convertirse en un guía de gustos y preferencias colectivos, que eso es algo que no llega y hace alguien solo porque pasó sin problemas una prueba de cámara: el comentarista solo hace eso, comentar, pero el crítico, si sabe lo que hace y lo que dice, además enseña.

Carlos Ledermann.

Fundación Carlos Ledermann para las Artes Musicales.

carlos-ledermann-logo

Comments

comments