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Ricardo: Un lago sin caudal

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La resolución del Comité Central del Partido Socialista de no apoyar como candidato presidencial a las primarias a Ricardo Lagos ha dejado más de algún herido en el profundo caudal de Lagos.

Los mares que navegan al ex presidente han sido difíciles de controlar. Se le impugna ser el creador del bullado y poco eficiente Transantiago. Como artífice de la modernización del Estado (muy necesaria, por cierto), ha dejado a los ciudadanos no solo con un Estado mejor sino también más caro – a expensas de todos nosotros- y nos ha privado de ciertos derechos; es decir, se ha mejorado pero el gasto se ha traspasado a los usuarios (por ejemplo en el pórtico de peajes).

Estas dos meras cuestiones han sido difíciles de sortear para el ex presidente. Sus resacas han llevado inclusive a hablar de la “muerte del padre”, algo que Freud postuló tan fervorosamente. Esto no es tan lejano si se piensa bien, salvo que, claro, se ha matado al padre y a la madre. Nos hemos quedado en definitiva en la orfandad política y sin entender aún esta desidia de no reconocer al “padre creador de la democracia” (El ninguneo adolescente al Senador Guillier es prueba de ello).

Esto resulta también extraño de entender pero otros más inclusive hablan de la necesidad, interés y valentía por enarbolar nuevos liderazgos. Al respecto Beatriz Sánchez, candidata del Frente Amplio, ha subido a la fecha en la encuesta CADEM en menciones espontáneas desde un 4% a un 6%.

Podría pensarse que la ciudadanía se encuentra algo agotada de los antiguos liderazgos. El país entero clama desde cada trinchera por una mirada que permita disponer de espacios comunitarios de discusión con temáticas que nos son relevantes y necesarias para construir un país mejor. Entre ellas: la reforma de la educación, ley de identidad de género, reforma al sistema de pensiones, ley de despenalización del aborto, una ley que regule y promueva la inclusión de personas inmigrantes, una ley que modifique la jornada laboral, etc. Son tantas las cosas que podríamos construir como ciudadanía y que al parecer el ex presidente Lagos no logró descubrir. En sus palabras: “no se ha producido una convergencia en torno a este proyecto”, y es justamente eso lo que habría que detenerse a observar y reconocer ahora: cuál es la nueva convergencia.

Algunos seguirán indudablemente en la discusión poco fecunda de si el país camina hacia uno u otro lado; otros abrirán con este despeje una discusión respecto a dimensiones y no solo caminos.

Lo que resulta urgente (una vez mas) es acompañar a los jóvenes y sus demandas.

Algunos en estos días se encuentran marchando por la Alameda por una mejor educación; otros sentados en las plazas construyendo cultura y comunidad. Algunos más se encuentran sentados en bibliotecas nutriéndose de sus tareas y compromisos; otros más se encuentran trabajando; y, algún grupo no menor, se encuentra en el horizonte donde no se estudia ni trabaja.

Yo tiendo a pensar que dicho proyecto de convergencia del ex presidente no logró comprender lo que ocurre en estos jóvenes; cuáles son sus anhelos, aportes y esperanzas para con nuestra sociedad. Ahí falló el puerto de Lagos, ahí no pudo con este ruido.

Da la impresión entonces que este “Lago” no logró contener ni movimientos tectónicos ni erupciones. Ha quedado indudablemente como una marisma convertida en ciénaga; la misma donde otros candidatos de antaño navegan aun sin darse cuenta del país que todos deseamos y por el cual requerimos nuevos liderazgos, esta vez con un brioso caudal.

Daniel Sánchez Brkic
Psicólogo y académico de la Universidad Central.

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