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Llegó la hora de la productividad

El proyecto presentado por la Diputada PC, Camila Vallejo, que busca reducir las horas laborales en Chile de 45 a 40, fue declarado admisible por la cámara baja. De discutirse y derivar en ley, se lograría que el país saliera del primer lugar del ranking de naciones con mayor extensión laboral de la OCDE.

Investigaciones en Europa, desde los años 60, han demostrado que trabajar más de 40 horas a la semana resulta inútil, ya que provoca cansancio mental y físico, además de una cierta frustración por parte del trabajador de no poder entregarle más tiempo a su familia o actividades personales.

Reducir las jornadas, no sólo contribuiría  a la felicidad de las personas, sino que traería mayor producción y bajaría las tasas de cesantía, sobretodo en la juventud. Así lo pensó Reino Unido, que hace unos años atrás, planteó  la necesidad de una semana laboral más corta, a fin de mejorar la salud mental y remediar el problema de desempleo, sobre todo entre la población de menor edad. La idea fue respaldada bajo el argumento de que una semana de trabajo más corta traería beneficios sociales como: menos consumo de carbono, reducción de desempleo, aumento del bienestar social y ahorro de dinero.

Estas ideas no son utópicas, se pueden llevar a la práctica fácilmente. Si regresamos al análisis de la OCDE y a la experiencia del viejo continente, tendremos respuestas certeras. México el año 2016 ocupaba los primeros lugares de horas de trabajo, ostentando la cifra de 2.246 horas versus Irlanda que tenía 1.820. A pesar de esto, se necesitaban cinco Mexicanos para producir lo que un irlandés solo puede realizar.

Entonces ¿cuál es la receta a la productividad? Ya está demostrado empíricamente, que mayores beneficios sociales, reformas laborales que apoyen a los trabajadores y más tiempo libre, produce individuos felices, por ende creativos y con ganas de aportar para las empresas que trabajan.

La propuesta de establecer por ley a nivel nacional una semana laboral de 40 horas, además de mejorar la calidad de vida de la mayoría de chilenos, no supondría un descalabro económico, sino que la apertura de fuentes laborales. Vale la pena integrarse a la discusión, ya que significa un bienestar para todo.


Omar Carrasco
Académico Facultad de Ingeniería, Universidad Central

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