Opiniones

¿En qué terminarán los totalitarismos del siglo XXI?

Por Facundo Morales Quiroga, Un ciudadano de a pie

Se ha puesto de moda nuevamente ese fantástico libro del escritor británico George Orwell  llamado 1984. Ficción escrita luego de la Segunda Guerra mundial que describe un mundo dominado por  tres megadictaduras que se hacen la guerra entre sí con el propósito de mantener un equilibrio planetario, que a su vez, permite el control  social sobre sus respectivas poblaciones. De esta forma, en  Oceanía, país que reúne a Europa y América, transcurre un relato de dominación superlativa en donde la rutina diaria es cómo mantener sometidos y controlados a sus habitantes, particularmente a los miembros del partido único dominante.  En el libro, Wiston Smith es el protagonista y el funcionario encargado del “ministerio de la verdad” cuya misión es la de alterar el pasado para generar un presente acomodaticio a las circunstancias contingentes. No cuento más a fin de entusiasmar  la lectura de este texto que por   $3.500 pesos hoy se vende en algunas estaciones de servicios de nuestro país.  Dicho sea de paso, Chile es un buen ejemplo para observar  como  el poder de turno, con su respectiva  vocera  mediática,  desarrolla el ejercicio cotidiano de trastocar, con habilidad retórica, la realidad que el ciudadano común y corriente palpa en el día a día. Estoy seguro que ustedes sabrán encontrar otras correspondencias con lo cotidiano.

Cito todo lo anterior en un instante en el cual somos testigos de la alteración de la verdad y de los afanes de dominación por minorías organizadas que pretenden tener el control del destino, intentando de manera contumaz vendernos ideologías añejas, las cuales han demostrado  que los modelos no son más que realidades parciales y que solo habitan en la idealidad y fantasía de quienes las construyen. Es lo que está pasando en Venezuela,  constatación palmaria del fracaso del llamado “socialismo del siglo XXI”, circunstancia que también apreciamos en las recientes experiencias de Ecuador, Argentina, Bolivia, Brasil  y  también en nuestro país, en donde al margen de los estropicios del actual gobierno, una cáfila de” jóvenes impetuosos” (a la izquierda de la izquierda), se alzan como luminarias del progreso, sin considerar que los avances hay que construirlos sobre lo ya obrado, independiente de las modificaciones que todo proceso social debe experimentar para ajustarse a los tiempos. De esta forma, se ha instalado la cultura de lo refundacional pretendiendo eliminar lo que el “progresismo” considera como resabios de la desigualdad.

Creo que estamos en un  tiempo en donde debemos reflexionar y defender de verdad y con la responsabilidad debida, , valores tan caros como la igualdad,  la libertad y los derechos humanos, los mismos que se extrañan en China, país dictatorial dominado por una cúpula orweliana y en donde, estoy seguro, al igual que nuestro libro en comento, no existe acceso discrecional a la información, a la negociación colectiva, las libertades laborales, el derecho de opinión y ante el cual nuestro país y otros nada dicen.  Agreguemos a lo anterior que Liu Xiaobo, premio Nobel en el añoo 2010, cumple más de 6 años preso en una cárcel de ese país.  Para que hablar de Corea del Norte en donde un loco juega todo los días a disparar petardos planetarios, o Cuba, en donde sencillamente da pena ver la miseria de sus habitantes cooptados por el miedo. Y  Venezuela nuevamente, en donde una manga de gorilas a  sumido en la desesperanza a todo un pueblo.

Al respecto, tibieza y cinismo por parte de los “progresistas” del  mundo los cuales nos piden que les ayudemos a construir el paraíso.  Estimados lectores, llegó el tiempo del sentido común y del filtro crítico para ponderar las aventuras de los nuevos políticos.

Los países, definitivamente son estructuras complejas que deben ser administradas con la ponderación  y la racionalidad de una inteligencia consensuada a partir de lo que ya existe. Qué bien le haría a nuestro país sacar al pizarrón a los defensores de los totalitarismos para refregarles en la cara los experimentos y experiencias que a no dudar, tienen su símil en la extraordinaria novela de 1984.  a propósito del mes del libro, no deje de leer  lo sugerido para comprender mi desesperanza.

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