Opiniones

¡Contralor Bermúdez, No Afloje!

Por Facundo Morales Quiroga. (Un ciudadano de a pie)

Es un lugar común señalar que vivimos tiempos complicados, sin embargo la frase funciona. Nuestro país asiste a la degradación de sus instituciones, pareciendo ser que nos encontramos al final de un ciclo en donde la disciplina de las formas constituía un eje referencial para guiar el comportamiento ciudadano. Al respecto, recuerdo con nostalgia el imperativo ético de cancelar el pasaje en las antiguas micros amarillas. El usuario que accedía por la puerta trasera, recurría a la honestidad de sus pares circunstanciales, los cuales hacían avanzar el dinero hasta el chofer y este retribuía el gesto devolviendo el diferencial de dinero y el boleto respectivo.

Observe el lector su experiencia cotidiana y podrá corroborar un sinnúmero de conductas que evidencian un relajo; solo unos pocos pasajeros honestos que hacen sonar su tarjeta de pago, las micros y el metro atiborrados con el comercio ambulante, raperos vociferantes y otros cantantes ocasionales haciéndose oír a costa de un ciudadano impávido.

Lo anterior, es una breve muestra de lo que sucede con la gente común y corriente. Ascendiendo en la escala del poder, funcionarios públicos corruptos, falta de control en el aparato público para el resguardo del patrimonio fiscal. Hijos de, cónyuges de, hermanos de, ocupando puestos en el sistema estatal y en el gobierno de turno con remuneraciones impúdicas y en abierta contradicción con los discursos de igualdad y probidad que nos ha “vendido” la clase política, particularmente aquella que se denomina progresista y que no tiene las más mínima vergüenza para “pegar el manotazo” cuando la oportunidad se presenta. Señalemos en justicia, que el problema se vive a todo nivel, y en ello no está ausente de responsabilidad el fresco que evade el transporte que nos legara nuestra Presidente, la nuera con información privilegiada y también el ladrón de uniforme.

Demos gracias, que ante el cuadro dramático de quiebre en la disciplina cívica y deterioro de las reservas morales, aún existe la Contraloría y un contralor de apellido Bermúdez, que ha emergido como una suerte de guardián heroico para la cautela de lo que queda en las arcas fiscales. Este probo funcionario abre las ventanas de nuestro Chile para comenzar a ventilar la hediondez acumulada en estos últimos años, de la cual son responsables en su gran mayoría aquellos que han llegado de la mano del gobierno de turno. “Descubrimos situaciones tan anómalas como cónyuges de funcionarios con grandes patrimonios (…) Pero lo peor que detectamos es que sociedades familiares de esos jefes son contratadas por el mismo servicio público en que éstos trabajan”, dijo Bermúdez.

Ante lo anterior, podemos tener un poco de esperanza y confiar que las instituciones van a funcionar. La Contraloría anunció las querellas que otros servicios no han hecho. Sin embargo, el temor persiste ante el “apernamiento” de tanto funcionario político que sin duda, conformará la masa crítica para sostener el actual estado de cosas, apoyando al populista de turno, a ese que ha vivido de las prebendas del Estado y que ahora teme el fin de sus privilegios.

¡Adelante Contralor Bermudez! No afloje

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