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Volvió Garay

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Finalmente, entre la teleserie y lo cinematográfico, volvió Rafael Garay a Chile después de unos seis meses fuera del país. El economista que nos preocupara en algún momento por su desaparición y que conmoviera por su enfermedad, haciéndonos comprender nuestra cándida inocencia, retornó.

Los medios de comunicación ya han trazado la ruta que siguió en su viaje y seguirá en Santiago. Se la han contado a las más diversas audiencias. Hay imágenes de Garay en el avión, la Ruta que siguió éste en el cielo, seguimiento minuto a minuto en sitios web y en redes sociales, etc.

Pero más allá de la parafernalia, lo que está claro es bastante simple: que Rafael Garay regresó al país luego de ser extraditado desde Rumania para enfrentar un proceso penal en Chile por presuntas estafas que bordean los $1.800 millones.

El resto es una extensa jornada maratónica, que empezó mucho antes de este jueves, con la salida de Rumania del ingeniero comercial entre un buen grupo de individuos armados, con chaqueta antibalas y con Garay al medio, con un gorro de lana y sin abrir la boca ante la insistencia periodística, con una apariencia entre un rock star y un narco peligroso. Y ninguna de las dos corresponde a la realidad.

Tras una escala de horas en Francia, el economista, escoltado por tres policías de Interpol Chile, llegó a nuestras tierras entre la expectación, la duda y la curiosidad.

Se supone que tendrá calidad de detenido y deberá ser presentado ante el 3º Juzgado de Garantía de Santiago, donde está radicada la causa en su contra. Deberá ser trasladado hasta el Palacio de Tribunales para ser notificado -en la secretaria criminal de la Corte de Apelaciones- del proceso de extradición en su contra, y luego partirá rumbo al Centro de Justicia, donde será formalizado y se definirán las medidas cautelares que deberá cumplir durante el periodo de indagatorias en su contra, a cargo del fiscal centro norte José Morales.

Se suponen muchas cosas y el itinerario está trazado. Por lo tanto sólo queda esperar que las instituciones, en este caso las judiciales, funcionen y lleven a cabo el proceso que corresponda. El resto es parafernalia. Y pérdida de la inocencia con nuestras figuras públicas.

 

 

 

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