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Javiera Blanco: El mundo fue y será una porquería…

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Por Facundo Morales Quiroga. (Un ciudadano de a pie)

El tema está en el aire y no puedo evadirlo, pero antes, un recuerdo de mis viajes por la Cuarta Región, específicamente el pueblo de Vicuña, en el Valle del Elqui. En tres viajes sucesivos, visité el museo del pueblo, el cual se asienta en el lugar donde vivió Lucila Godoy Alcayaga, nuestra Gabriela Mistral, una mujer esencial, mimetizada con los cerros semidesérticos de esos valles transversales, hecha así misma. Profesora y poetiza, y finalmente premio Nobel de literatura. Honrada con cargos diplomáticos en distintos lugares del mundo, en una época en la cual existía la decencia. Pues bien, el museo al cual hago mención, exhibió por mucho tiempo una carta dirigida al canciller chileno de le época, en un instante en que ella dejaba una representación consular. En dicha misiva, detallaba de manera pormenorizada los gastos en los cuales había incurrido mientras estuvo a cargo de la legación, haciendo además devolución de las remesas al erario público, indicando de paso, que el viaje de regreso a Chile, lo financiaría de su propio bolsillo. Recuerdo haber tomado una fotografía de esa carta, porque era mi intención difundirla, para con ella representar al paradigma de la probidad pública, en tanto testimonio palmario de lo que es ser servidor del Estado. Desgraciadamente la carta -manuscrito original – ya no se exhibe y no sé dónde encontrarla. Debo decir además, que perdí el testimonio gráfico que alguna vez capturé. Una pena.

Digo todo lo anterior, porque al igual que muchos compatriotas, estoy impactado por el caso de la ex ministra Javiera Blanco, nuevo miembro del Consejo de Defensa del Estado, nominación hecha por nuestra actual Presidenta. Con esta situación, al igual que muchos chilenos, me entero que en nuestro país, existen cargos vitalicios a los cuales se accede por contacto político y que junto con estar muy bien remunerados ( más de siete millones de pesos mensuales), permiten poder ejercer libremente la profesión y asistir tan solo un par de horas a la semana a la oficina dispuesta para ello. (y nos quejábamos del Parlamento).

Agreguemos a lo ya expuesto, que la ex ministra Blanco, salió gravemente cuestionada del actual gobierno, imputada en casos de el consejo de marras investiga y que la opinión pública conoce profusamente. Javiera, con rostro impertérrito, agradeció la nominación y se apresta a ejercer su cargo hasta el año 2047.

Estimado lector, al igual que usted, siento rabia, al percibir como se nos basurea y que a la postre, el discurso moral de la probidad y de la igualdad de los personeros que representan a este gobierno, vale literalmente “callampa”.

Siento que lo anterior es una bofetada a la conducta decente que alguna vez existió en nuestro país, y que entre otros, la encarnó gente como Gabriela Mistral que jamás tuvieron al dinero como referente. Cada vez nos hundimos más en el barro de la mano de nuestros políticos, los cuales sin ningún pudor, y solo con el mezquino afán de poder, han actuado de manera impúdica, aceptando recursos corruptos para sus campañas.

Para la Galería, o sea, todos nosotros, titulares espúreos, en cambio, para los camaradas, los compañeros, los falsos exonerados, los hermanos de, los hijos de, la ex mujer de y cuanto compadre existe, todos los “pitutos” que el poder confiere. Hasta aquellos que saltaron a la política desde el llamado “mundo social” se salvan. Ahí está el caso de un joven diputado que “apernó” a su hermano, ahí está el dirigente sindical con cara de circunstancia que recibió el billete de los intereses empresariales correspondientes, ahí está el escándalo brasileño que salpica con efluvios malolientes a ex presidentes latinoamericanos y a algunos en actual ejercicio.

José Santos Discépolo no pierde vigencia. Lo que fue en el siglo XX, también lo es ahora en el siglo XXI. El punto es como arreglamos la rima.

Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis
y en el dos mil, también.
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
barones y dublés.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseados.
Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador…
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los ignorantes nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, Rey de Bastos,
caradura o polizón.
¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
Cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón…
Mezclao con Stravisky
va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín…
Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
junto a un calefón.
Siglo veinte, cambalache
problemático y febril…
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
¡Dale, nomás…!
¡Dale, que va…!
¡Que allá en el Horno
nos vamo’a encontrar…!
No pienses más; sentate a un lao,
que ha nadie importa si naciste honrao…
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley…

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