Gastronomía

Il Cagliostro: Crónicas de comidas y arquitectura, un dato en La Herradura

Los cocineros dicen que la pastelería es la rama de la arquitectura en la cocina, digo esto porque hace unos días partí bien acompañado, así como Dios manda en destino al norte costero chileno. No había más rumbo que el mar y la serenidad de las olas.

La primera parada fue en Los Molles. Antes de llegar, le comentaba a la bailarina, mi acompañante, que ese era un lugar hermoso, quieto, algo así como una bella aldea costera. Ella simplemente me miraba con ojos arrobados.

En nuestra llegada algo no cuadraba. Habíamos llegado a un lugar atestado de edificios feos, tan feos como los que se construyen en Santiago. Mientras miraba esa fealdad, me preguntaba si esos arquitectos egresaban de las mismas universidades donde se forman los empresarios que se coluden para fregar a la mayoría de los chilenos. Otra opción era que estudiaran en la misma casa de estudios de los políticos corruptos (no son precisamente las privadas).

 

Al salir de Los Molles, guardé silencio pues me lo habían cambiado entero. No quedaba nada del pueblito de las empanadas de mariscos, de los pescadores que en las tardes traían productos fresquitos.

Seguí rumbo al norte. Llegué a La Herradura y la historia es prácticamente la misma. La costa estaba cerrada por edificios (también feos) que dejaron sin vista al mar a cientos de casas que llegaron varios años antes. Concluí que muchas veces se confunde el progreso con prepotencia.

Con la bailarina pensábamos llegar hasta Bahía Inglesa cuando en La Herradura encontramos las cabañas Bucanero. Ahí decidimos quedarnos una semana, frente al mar, con una vista hermosa, privilegiada de los yates aparcados en su club.

Quedarnos fue una buena decisión, pues en esta aventura de tanto agridulce descubrimos que a una cuadra estaba un restaurant que me llamó la atención por su oferta que era la siguiente:

Entradas:
Palta reina, empanadas de mariscos, tomates rellenos, consomé, empanadas de queso, huevos a la peruana.

Fondos: Porotos granados, humitas, cazuelas, paila marina, pollo arvejado, tallarines con boloñesa, entre varios otros.

Todos los días, probamos un postre diferente.

Déjenme decirle que la cazuelas que probé eran excepcionales, principalmente la de pollo con chuchoca y la de vacuno con canutones (no me habría imaginado esas pastas en una cazuela). Los porotos granados estaban sublimes, cremosos, (solo les faltó la color) para la perfección total. La palta reina me llevó de regreso 40 años atrás, cuando este plato tan chileno era el furor de la pituquería de aquel entonces.

Sin dudas, este lugar fue un acierto. Pues no sólo había variedad sino también el precio del menú con entrada, plato de fondo y postre a elección costaba 3.500 pesos. Con la bailarina pagamos a lo más cinco mil pesos pues le agregábamos una copita de vino.

El lugar es muy lindo, bien atendido. Hay poco conocimiento pero muy buena actitud. Se deben dar las gracias por el sabor de los platos.

De regreso me puse a pensar en ese restaurant. Seguramente el lugar donde está emplazado es de los mismos dueños del negocio. Allá no se pagan los arriendos degenerados que hay en Santiago y que finalmente terminamos pagando los clientes.

El negocio de los restaurantes es el negicio inmobiliario.

Si quiere ir, el restaurant se llama “La Avenida”, queda al interior Los Héroes, Calle del Rancho, La Herradura.

la-avenida

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