Cartas al Director

No hay ética que valga cuando se trata de ganar dinero

Por Jaime Aguilera Cerda.- 

Este es tiempo de balances y reflexión. Durante este año hemos visto que, prácticamente todas las áreas, se han subvertido las estructuras organizacionales, políticas y sociales de manera evidente. Por ejemplo, en la industria, vemos como las empresas existen para responder a las ganancias que les exigen sus accionistas, pasando a segundo plano el objetivo de la misma (Zapatería, Hospital, Escuela, Supermercado, etc..)

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Jaime Aguilera Cerda, Ingeniero

Desde esta óptica vemos como los directorios de estas empresas se encuentran poblados de gente que ya no conoce y tampoco les importa el negocio de la empresa en cuestión, sino que son representantes de los intereses de los accionistas.

La alta gerencia de estas empresas son personas vinculadas con el directorio y tampoco saben del negocio de la empresa sino que están en esos puestos para incrementar las ganancias.

¿Cómo puede un gerente incrementar las ganancias de la empresa cuando se es un ignorante del negocio? Muy fácil, reduciendo los costos. Así vemos, en definitiva, como las grandes empresas se reestructuran generando despidos masivos y una degradación de la calidad de los empleos como medida única de mejorar sus márgenes.

El viejo refrán dice: “Pasteleros a tus pasteles”, pero hoy este refrán no tiene sentido. Vemos como un gerente general de una compañía de zapatos se cambia en pocos años a una compañía de alta tecnología, luego a una empresa educacional y finalmente se le encuentra liderando una clínica privada.

Hay otro refrán que dice: “Pan para hoy hambre para mañana”, pero parece que nadie se acuerda de él, menos los directores de empresas. No queda mas que esperar a que algún gurú de éste mundo empresarial saque a flote el sentido común, por el bien de la sociedad y de la misma economía. Para recuperar el trabajo bien hecho y bien reconocido. Ojalá que a alguno se le ilumine la ampolleta a partir de estos 2 simples refranes.

Otro ejemplo de lo mismo es lo que ocurre en la política, pero ahí no quiero insistir mayormente. Son tantos los ejemplos que hemos visto en este último tiempo, es tanto el descaro que no se hace necesario exponer ningún ejemplo en particular. Lo claro es que el bien común ya no existe y la clase política hace rato ya que responde al lema “¡salvase quien pueda!!”

Como ven en los ejemplos anteriores, la subversión a las instituciones se produce por conseguir mas y mas ganancias a toda costa de forma indiscriminada e inorgánica, sin límites. Lo que se conoce formalmente como “la ética de los negocios” que en definitiva es exactamente lo mismo que decir “no hay ética que valga cuando se trata de ganar dinero”

La reflexión nos llega en navidad por el mensaje de la historia cristiana del nacimiento del hijo de Dios. Sin pretender ser religioso ni dar sermones s nadie, hay enseñanzas de la historia del nacimiento de Jesús que valen la pena rescatar en estos tiempos. Imagínense por un momento a Dios con todo lo super poderoso que es. Me refiero que es dueño del planeta, si quiere puede tener mas dinero que todos los multimillonarios que podamos imaginar. Es dueño de todas las naciones, planetas, tecnología. Es dueño de todo el conocimiento, sabe el futuro, sana, destruye… hace lo que quiere y con quien quiere. Osea, un Luksic, un Angelini, un Paulmann no existen para El.

Ahora que ya tenemos a Dios imaginado como todo poderoso, imaginemos que manda a su hijo entre los que viven en la tierra. Osea, si el hijo de algún multimillonario se va de viaje claramente sabemos que viaja en primera, se atiende en hoteles de lujo, tiene ejércitos de empleados a su disposición para lo que quiera. Yo no me imagino a un político mandando a su hijo a estudiar en una escuela de campo o viviendo en una población callampa. Sin embargo, a Jesús lo mandan solo a nace en un pesebre, en medio de gente pobre, en un lugar de la tierra que es geográficamente fea y sin ninguna riqueza. Porqué lo hizo si se supone que es todo poderoso. Podría haber mandado a su hijo a nacer entre oros y sedas en un lugar hermoso, lleno de vida, sin miserias pero no lo hizo. Precisamente acá se encuentra el corazón de la reflexión. No todo debe ser ganancia y opulencia aún cuando se tenga los medios. La humildad y la sencillez, no el dinero y la riqueza, es la base de la verdadera riqueza. La riqueza no se debe encasillar exclusivamente en dinero, sino que el bien común, el realizar el trabajo bien trabajo, el reconocer el trabajo del otro y el respeto para todos también es parte de la riqueza que debemos perseguir como sociedad.

En el ámbito personal la reflexión pasa por vencer a nuestro ego. Evitar avasallar al prójimo con nuestros logros y lograr que la competencia en la vida sea contra nosotros mismos y no con el vecino. La humildad y el amor al prójimo debiese de ser el norte.

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