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Cultura y Espectáculos

A PROPÓSITO DEL PREMIO NACIONAL DE MÚSICA…

Como ustedes deben saber, el compositor Vicente Bianchi ha sido galardonado con el Premio Nacional de Música.

Obviamente esta distinción ha generado debate en medios y redes sociales y a más de alguien le ha parecido un verdadero despropósito que haya recaído en un “músico popular” si, con excepción de Margot Loyola, siempre se otorgó a un músico docto y las más de las veces, de la Universidad de Chile. O sea, un músico al que peyorativamente se tacha de “popular”, no puede tener méritos para ser objeto de esta designación ¿qué tal…?

Foto: upla.cl
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Me pregunto desde hace mucho tiempo hasta cuándo hay que seguir soportando a esa pseudo élite de la música chilena que se cree dueña de verdades únicas, tribunal calificador de merecimientos y árbitro de distinciones de los que pasaron y los que no pasaron por el conservatorio o pasaron durante un tiempo que no era el suficiente para ellos. También me pregunto hasta qué punto puede llegar la soberbia de estos intelectuales de la música, que siguen suscribiendo, a todo evento, la estratificación de ésta solo en tres absurdas categorías: docta, popular y folclórica, como si en Chile, en el mundo y en la historia no se hubieran hecho otras músicas que, según esos tres parámetros, no entran en competencia.

¿Y qué es eso de música docta, por favor? ¿Música sobre elaborada, a veces incluso humedecida por un cierto tufillo snob, que muchas veces duerme para siempre en oscuros anaqueles porque nadie la toca? ¿A cuántos compositores que usted jamás ha escuchado se ha otorgado el Premio Nacional de Música? ¿Y por qué usted no ha escuchado nunca una obra de ellos? ¿Será porque usted es un ignorante, porque su nivel cultural no da el ancho para entender esas obras o porque por alguna, o miles de razones, nadie las programa en medios, festivales y temporadas de conciertos? ¿Y por qué ocurrirá eso? ¿Será, necesariamente, “el pago de Chile”? Y sobre todo ¿por qué el Premio Nacional tiene que ser casi siempre para compositores? ¿Quién inventó esa tendencia? ¿Qué los hace mejores acreedores que a los instrumentistas, los profesores de música, los directores de orquestas y coros? ¿O esas especialidades no son tan nobles como para aspirar a un premio?

No sé si usted, amigo lector, habrá escuchado las obras para guitarra de Violeta Parra, que no era guitarrista, no estudió composición ni pasó años en un conservatorio para que le dijeran qué debía o qué podía hacer y sin embargo son largamente mejores que las de muchos ilustrados con título, porque ella era fundamentalmente ta-len-to-sa, no una tecnócrata sin vida musical activa. No sé si habrá escuchado las obras de Ricardo Acevedo, guitarrista chileno que tampoco tuvo que estudiar años para hacer temas de gran valor, que los conservatorios desdeñan porque “no son obras doctas”, pero estoy seguro de que ha escuchado mil veces las de Horacio Salinas, los temas de Patricio Manns, Víctor Jara, Juan Antonio Sánchez, el propio Vicente Bianchi y tantos otros a los que les importó un comino el asunto de las normas, las formas y los dictados del academicismo que a veces huelen a rapé y cuyos suscriptores siempre quieren situarse por sobre todo lo demás que exista o quiera existir en el ámbito de la música chilena, porque lo único de valor solo lo pueden hacer ellos, autorizados por títulos, post títulos, juicios y prejuicios y desde sus atalayas juzgan y suben o bajan el pulgar actuando en calidad de jurados o evaluadores de proyectos, muchas veces de aquello que no conocen y en lo que, por lo tanto, no tienen competencias de base para opinar, aunque sus diplomas parecen sugerir lo contrario especialmente a esas “autoridades” que no saben lo que es un RE pero comparten con ellos la mesa de las decisiones, vaya a saberse por qué supremo designio proveniente siempre “de arriba”.

Foto: 24horas.cl
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Como fundación que trabaja por y para la música, no estamos planteando aquí que deba ser la calle la que otorgue premios ni la que diga qué es bueno y qué es malo, no se trata de eso. Lo que estamos diciendo es que ya basta de posturas anacrónicas, excluyentes y autocomplacientes; ya es suficiente de clasismos en la música y de creer que lo simple es necesariamente malo, vulgar o “poco elaborado”, porque a veces con cuatro notas bien puestas se dice mucho más que con diez mil quinientas escritas sin sentido.

Estamos diciendo que las músicas “populares” son a veces más valiosas que muchas obras de autores doctos; que la música es un arte universal y cada cual es libre de hacer su propuesta como le parezca porque con ella está comunicando y habrá quienes entiendan su mensaje y quienes no; estamos diciendo que independiente de los gustos y los conocimientos que se tengan, hacer música es una profesión que merece respeto y de todos hay algo que aprender, cuestión que la soberbia de algunos no contempla como alternativa. Creer que el mundo es lo que se ve por una sola ventana y lo demás no vale o no debería estar allí y menos ser premiado, solo es un síntoma de arrogancia y miopía intelectual.

Si bien nos parece que se le otorgó muy tarde, esta fundación celebra sin reservas el premio concedido a Don Vicente Bianchi, que lo disfrute porque es justo y meritorio.

Carlos Ledermann.

FUNDACIÓN CARLOS LEDERMANN PARA LAS ARTES MUSICALES

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