Opiniones

¿Y si volvemos a las tertulias?

Antiguamente, allá por el siglo XVI y cerrada esa etapa histórica que llamamos Edad Media, la música se hacía en los círculos artísticos y sociales, en las cortes y también en las casas. Se trataba de grupos reducidos –generalmente de familias nobles que tenían los medios para adquirir instrumentos- en los que además de tocar y cantar, se comentaba la música y se la transformaba en una actividad social. Antes de eso, era el templo religioso uno de los principales escenarios, pero esta costumbre de hacer música en espacios más bien reducidos se mantuvo vigente de una u otra forma en los períodos históricos venideros. En nuestro país cabe recordar las tertulias de comienzos del XVIII en las que se cantaba y bailaba en un ambiente más bien informal y familiar. Si bien aquello fue desapareciendo conforme pasó el tiempo y cambiaron las tendencias y aún cuando ciertos círculos sociales trataron de reeditar las tertulias, algunos hasta el día de hoy, esta forma dialógica de hacer música no es lo que podríamos llamar una modalidad vigente.

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Andando el tiempo y sobre todo en el XX empiezan a aparecer los súper escenarios para conciertos masivos de todo tipo, los festivales, las temporadas de conciertos, las grandes compañías y sus producciones fonográficas, los medios especializados y la música en sí misma se convierten en un negocio muy lucrativo, aunque no siempre para sus creadores y para sus intérpretes, también hay que decirlo. En Chile, los mega conciertos eran una dimensión desconocida hasta que en 1989 el cantante británico Rod Stewart hizo el primero en el Estadio Nacional. Desde entonces la lista de famosos que han pasado por ese y otros recintos es sumamente larga. Los artistas suelen llegar en sus aviones privados, no hay puntos de prensa, llegan al lugar donde deben actuar, lo hacen y muchos dejan el país solo horas después de terminado el evento. Más aún, en algunos casos las entradas más caras llegan a niveles de costos impresionantes si se agregan ciertos beneficios como asistir a la prueba de sonido y acceder a un recinto exclusivo donde habrá un catering y unas copas porque tal vez la figura mundialmente famosa aparezca un par de minutos por allí y elija al azar a alguien que será bendecido con una selfie.

carlos-ledermann-22Eso, en el plano de la música popular comercial, pero ojo, que mucha de esa música que hoy es llamada “clásica”, “selecta” o “docta”, también fue popular en su momento. Por supuesto es impensable una reunión de pocas personas con esos “monstruos” de la industria, que se sienten a un piano o tomen una guitarra y canten algunos de sus éxitos, los comenten, intercambien opiniones y se tomen una copa con los demás presentes. No dejaría de ser incluso interesante, porque a lo mejor sería más fácil saber quién es de verdad el que parece y quién es lo que la tecnología ha producido. Lo concreto es que en otros tipos de especialidades musicales sí es posible una reunión así aunque sea casual, incluso anecdótica. Está muy claro que la música de carácter masivo siempre será eso y no otra cosa -de hecho ahí radica su éxito- pero creemos que el estadio, el parque, el gran teatro, la explanada enorme, son escenarios válidos para un cierto tipo específico de música, pero para otros apostamos por la reedición de las tertulias, las reuniones de personas para escuchar otras músicas que no tendrían nada que hacer en los escenarios antes mencionados, porque no fueron pensadas para eso, no tienen esa identidad ni esa convocatoria, pero siguen siendo músicas valiosas, con arte y con contenido, simplemente músicas diferentes, ni mejores ni peores: diferentes.

carlos-ledermann-21Personalmente he tenido hace solo unos días la experiencia de tocar para un público muy reducido, un puñado de personas que estaban, cuando muy lejos, a no más de dos metros. La idea era, precisamente, recrear la tertulia y en ese contexto ellos y yo conversamos, hicieron preguntas, nos tomamos una copa de vino, salió alguna anécdota y pasamos un rato muy lindo. Ese fue el ambiente en que el flamenco, que es lo que yo hago, se desarrolló inicialmente y aunque he tocado en teatros muy grandes y auditorios pequeños de Chile y el extranjero, creo haberme dado cuenta de que tocar en ese ambiente, sin amplificación, sin reverb, sin parrillas de luces y sin promoción mediática, o sea, la verdad más genuina con sus defectos y sus virtudes, me resultó particularmente gratificante. Desde ahí, desde esa experiencia, propongo y propone esta Fundación que impulsemos el retorno a la tertulia, que la música que sea que se pueda hacer en ese marco, se haga pues es otra forma de crear afición, formar públicos y aportar cultura porque lo que el espectador sentado en una gradería quisiera poder preguntar y comentar, en este otro contexto lo puede hacer, descubre que el músico también es persona y si quiere se puede hacer la selfie sin pagar por ello un extra en tres cuotas precio contado.

Carlos Ledermann.

FUNDACIÓN CARLOS LEDERMANN PARA LAS ARTES MUSICALES.

Carlos Ledermann

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