Cultura y Espectáculos

Música a un Metro…¿de qué?

A veces escuchamos o leemos de apuro ciertas noticias y, como el tráfago de la vida cotidiana es intenso y nunca hay tiempo para lecturas extensas, nos quedamos con lo poco que se alcanzó a entender. Hasta que algún campanazo nos obliga a volver sobre el tema y entonces nos llevamos algunas sorpresas desagradables.

Es lo que nos ocurrió con eso de “Música a un Metro”.

De entrada, parecía una buena idea que una entidad como el Metro de Santiago imitara iniciativas similares tomadas por el mismo medio de transporte en ciudades de Europa y abriera sus espacios para que los músicos pudieran tocar en ellos. Esto sonaba bien, porque no hemos olvidado las numerosas ocasiones en que la misma empresa expulsó de esos mismos espacios y con los más diversos y a veces insólitos argumentos, a personas que hacían música, como aquella señora que tocaba la armónica y fue sacada de una estación por “razones de seguridad”. Sin embargo algunas publicaciones en redes sociales nos hicieron revisar mejor el asunto y entonces vimos las bases y cláusulas que quienes postulen a ocupar dichos espacios, léase las estaciones del Metro, deberán suscribir para recibir una credencial que los autorice a tocar en determinadas estaciones y, que, como señala el artículo primero de las bases, “los artistas seleccionados puedan expresar su arte de manera ordenada, de calidad y de acuerdo a una programación predefinida”.

Algunas de estas condiciones resultan por decir lo menos, curiosas. Una de ellas, artículo tercero, señala que cada postulante deberá presentar un programa de a lo menos 12 temas, pero un máximo de 2 podrán ser originales, esto es, de autoría propia. Esto resulta absolutamente contradictorio con lo planteado en el artículo primero cuando se dice que “los artistas seleccionados podrán expresar SU arte, etc.” Pero a ver ¿cómo podrían expresar SU arte con dos temas originales de un mínimo de doce? ¿O es, entonces, que hay que “expresar el arte de otros”? Empezamos mal: si se trata de arte, no se puede poner peros y castrar todo intento creativo reduciendo a dos, de doce, los temas originales. No puedo evitar que se me cruce por la cabeza un mal pensamiento y en este punto hablo como ciudadano y no como Fundación: a alguien le conviene que los temas no sean originales y sean mayoritariamente cover. Perdón por anticipado si me equivoco, pero ya llevo muchos años en esto y tiendo a ver debajo del alquitrán.

En el mismo artículo se señala que los géneros musicales contemplados son, entre otros, clásico, folclore, popular melódico (¿?), tropical, rock, jazz, blues y hip hop. En el Anexo 1, inciso III, se dice que “El músico se compromete a no usar su interpretación como herramienta de causas políticas, sociales, ambientales, religiosas o de cualquier otra índole de carácter activista”. O sea, acepte la censura, cante cancioncitas tontas y sin contenido, no se ponga creativo, no componga, no hable de cosas indebidas, no diga nada que pueda generar reacciones incómodas, escoja muy bien su repertorio para que no haga covers de grupos y/o autores “complicados” y menos en espacios de una empresa que no se hará responsable de lo que a usted, músico, pueda pasarle, que no le facilitará ni siquiera el baño, además de que usted, músico del Metro, tendrá que pagar su pasaje y tocar solo en horas valle, además de comer fuera de las instalaciones de Metro.

O sea, usted, músico, tiene que entender que está a punto de gozar de toda esta serie de privilegios y de muestras nítidas de respeto hacia su profesión y hacia su propuesta y tiene que asumir que Metro le está haciendo un favor cuando le permite tocar en sus estaciones. Pero, ojo músico, lea bien las bases y ponga atención al inciso VII del artículo décimo, donde le advierten que usted “da autorización expresa, inmediata e irrevocable, sin que sea necesario efectuar pago alguno por ello a utilizar sus nombres, seudónimos, cuenta de Facebook, fotografías, voz, así como cualquiera otra y/o de su imagen que en la materia considere útiles para fines promocionales, de publicidad y difusión del Programa en todas sus etapas” a cambio de que usted, sin compensación alguna, “exprese su arte” pero tenga que pasar el sombrero igual que cuando lo hace allá afuera, en veredas y microbuses. O sea, música no a un metro: a muchos metros de su dignidad.

Contrato más ventajoso, imposible ¿verdad? ¿Le queda claro, músico, o hay que explicárselo en arameo?

Que el Consejo de la Música, SCD y Mega estén apoyando este asunto es materia de otro comentario, pero no deja de sorprender porque se supone que este tratamiento y estos hachazos a la creatividad también deberían parecerles mal, pero en fin, a alguien le conviene mucho este asunto y no es precisamente al músico que por no tener mejores espacios toca en la calle para ganar lo que come.

Carlos Ledermann

Presidente en Fundación Carlos Ledermann para las Artes Musicales

 Carlos Ledermann

Carlos Ledermann
Foto: fundacionguitarraflamenca.com

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