Opiniones

Longueira: "Me duele ver a los dirigentes políticos ser tratados como delincuentes"

En El Mercurio, el ex senador de la UDI Pablo Longueira expresó su visión respecto al desfile de los políticos por los tribunales y como son tratados por la opinión pública. ¿Qué opinas?

Tiempos para la fortaleza

Pablo Longueira: “Enfrentaré con dignidad y fuerza interior el escrutinio de mis actos como parlamentario, ministro de Estado y dirigente del partido que contribuí a formar y a sostener en el tiempo…”

La actividad política y quienes la hemos ejercido en los últimos veinte años vivimos una situación muy difícil. Desacreditada y desvalorizada ante la ciudadanía como pocas veces antes, la función pública y la mayor parte de sus actores recientes estamos siendo objeto de investigaciones judiciales que, paralelamente, son acompañadas de un juicio público a través de filtraciones parciales de antecedentes sesgados que destruyen la reputación de los afectados, sin que jamás se sepa la motivación y la autoría de esta vulneración de los derechos de las personas investigadas. De esta manera, aun cuando luego de una larga y prolija investigación y posterior proceso judicial se acreditara que una persona no cometió delito alguno, la destrucción de la honra y el sufrimiento personal y familiar resultan irreversibles e irrecuperables.

No voy a hablar en estas líneas -ni correspondería hacerlo- de detalles de mi situación personal, en la que he resuelto ejercer por el momento el derecho a guardar silencio que la ley le otorga a todo ciudadano, a la espera de contar con toda la información necesaria para ejercer mi defensa y acreditar mi inocencia. Es mi derecho, pero también mi obligación ante mi familia, mis amigos y ante quienes fueron mis partidarios y detractores mientas estuve en la actividad pública.

Lo que me motiva a escribir esta reflexión es una profunda y genuina preocupación por la situación de nuestro país.

Me duele ver a la mayor parte de los dirigentes políticos tratados como delincuentes, atacados y escarnecidos. El financiamiento de la actividad política es una de las tareas más ingratas y difíciles que les corresponde realizar a quienes han ejercido liderazgo en los partidos políticos del país. La ciudadanía debe saber que solo en los próximos meses la política contará con un financiamiento público y que la tarea de financiar partidos y campañas electorales migró desde la opacidad total a otra normativa que resultó insuficiente e imperfecta. Los líderes políticos cometimos severos errores en esta materia, algunos por estimar que no correspondía que el Estado asumiera el costo de la política, y otros por pensar que los recursos para ella debían solo tener origen fiscal. Esta semana se acordó lo que parece razonable: debe ser una carga mixta, del Estado y las personas.

En el tiempo intermedio, pensamos que la reforma al sistema de financiamiento electoral concordada con el entonces Presidente Lagos había sido suficiente, y claramente no lo fue.

La imperfección y debilidad de esa normativa, sumada a los errores cometidos por una cultura transversalmente arraigada de solicitar financiamiento a quienes compartían las respectivas visiones, además de omisiones evidentes en la gestión de las campañas, tienen hoy a la actividad política en el escrutinio público y judicial y en su más bajo nivel de valoración ciudadana. Esta semana se aprobaron nuevas normas de financiamiento electoral que debieran mejorar sus debilidades.

He dedicado mi vida a la actividad pública. Opté por ella como un camino de servicio forjado por mis padres y por la enseñanza ignaciana, que sostiene que solo en la preocupación por los demás se alcanza la plena realización humana. Escogí voluntariamente las tareas más difíciles como parlamentario y como ministro de Estado y traté siempre de ser factor de acuerdos, diálogos y encuentros. Así lo hice cuando trabajé por concordar con todos los sectores políticos y con el mundo privado un royalty a la minería para subirles los impuestos a las empresas del rubro tras el terremoto y tsunami que asolaron a Chile en 2010. Igual criterio utilicé en los consensos que dieron lugar a la institucionalidad ambiental o en el Sernac Financiero para mejorar los derechos de los consumidores, o cuando fue necesario dictar una nueva ley de pesca que reemplazara a la que vencía, aumentando las cuotas del sector artesanal y estableciendo por primera vez licitaciones de un porcentaje de las pesquerías, por citar solo algunos casos en que pregunté a todos los sectores su opinión, tanto a los cercanos como a los distantes políticamente, sin importar que fueran adversarios o amigos. Pedí conocer todos los puntos de vista, porque creo en el diálogo, y conversé con todos, sin imaginar que años más tarde esa búsqueda de información transversal para lograr consensos sería mirada por algunos como algo sospechoso o indebido. Ser parlamentario consiste en parlamentar; es decir, “hablar o conversar para llegar a un acuerdo o solución”. Confieso que fui parlamentario. En la mayor parte de esos casos, las votaciones abrumadoramente mayoritarias revelan que tras preguntar, recopilar información y recoger opiniones, parlamentarios de izquierda, centro y derecha votamos por lo que estimamos mejor para Chile, y nunca, jamás, para favorecer indebidamente a nadie.

En lo personal, como cualquier ciudadano, enfrentaré con dignidad y fuerza interior el escrutinio de mis actos como parlamentario, ministro de Estado y dirigente del partido que contribuí a formar y a sostener en el tiempo. Creo que el hecho de ser político no debe implicar ningún privilegio, pero tampoco el hecho de serlo debe constituir una carga o gravamen adicional, porque ello alejará de la actividad pública a las nuevas generaciones. A pesar de las adversidades y de los errores, la política sigue siendo una actividad noble y un camino de servicio a nuestros semejantes.

Pablo Longueira Montes

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